Bien ve ni dooooooooooossssssssssssss

Bienvenidos a mi blog a todos aquellos que anhelaron con impaciencia leerme alguna vez, seguir leyéndome si ya lo hicieron antes, ver alguna de las fotos que hago o deshago, alguno de mis dibujos o piruetas mentales (yo les llamaría "derrames"), mis pinturas al óleo, acuarelas, pasteles (uhmmm rico rico) cabroncillos, digo, carboncillos, experimentos digitales, caricaturas retratos o monstruosidades (que las habrá, no digo que no) que salgan de mi perola a través de mis manos, con la ayuda de mis ojos y a pesar de mi capacidad de raciocinio. Y, como dice una de mis numerosas sobrinas, todo esto será... pooooooooco a pooooooooooco jajuja. Por cierto, todas las imágenes y los textos de mi blog son de mi única y absoluta autoría (cuando no lo sea aviso)... y para disfrute de quien sepa apreciarlo :-D

sábado, 9 de junio de 2012

Las cuatro cartas


El paseo entre los frondosos árboles que guardaban las quietas aguas del estanque empezó expectante mientras bailaban nerviosamente entre sus manos las cuatro cartas recibidas desde la capital.
Las palmas de las manos empezaron a sudarle y su pecho se agitaba rápidamente lleno de ansiedad.

Abrió la primera carta con torpeza y dejó caer el sobre amarillo que se confundió enseguida con las margaritas.
“Querida Laura, soy el hombre más feliz el mundo. Bendito sea el día en que tus padres invitaron a los míos a vuestra casa de campo. Pude conocerte, y desde ese momento no paro de pensar en ti. Pienso en todos los momentos que compartimos.  Aquella primera cena en familia donde descubrí  tu radiante hermosura. Esa delicada manera que tienes de coger los cubiertos y llevarte la comida a los labios. Esa forma de mirar que me hacía temblar como hoja al viento. Fueron  días inolvidables. Espero que volvamos a reunirnos pronto y disfrutar así nuevamente de tu compañía.

Enteramente tuyo.
Roberto”

Laura suspiró mirando al cielo azul. Sonriendo abrió precipitadamente la segunda carta. El sobre de color rosa cayó balanceándose hasta el camino:

“Adorada mamá: al mismo tiempo que ésta le he pedido a nuestra ama de llaves que haga llegar una carta a Laura agradeciéndole la hospitalidad de que hicieron gala con nosotros ella y sus padres.  Espero que por fin te calmes y me dejes tranquilo. He hecho todo lo que me has pedido, he sido amable con ella, a veces hasta demasiado, pero no puedo evitarlo: me da asco. Es una niña repipi, consentida, aburrida y todavía sueña con que llegará su príncipe azul algún día jajaja y por los ojillos que me pone estoy seguro de que  piensa que soy yo. Pero como no la secuestre un pitufo montado en una cabra…
Vuelve pronto mamá, te echo mucho de menos. Mi cama es un témpano sin tu cuerpo a mi lado.
Tu hijo que te necesita.

Roberto”

Laura releyó el texto una y otra vez sin dar crédito a su contenido. Se ruborizó hasta la raíz del pelo y unas lágrimas de rabia se adivinaban a punto de estallar en sus ojos.
Ya sin tanta prisa, más bien con la cautela con la que se desactiva una bomba, abrió la tercera carta. El sobre era otra vez amarillo:

“Inolvidable Laura: no he podido substraerme a la necesidad de volverte a escribir cuando la primera carta aún esta batiendo sus alas hacia tu casa. Nunca había sentido tanta dicha con ningún ser humano como la que he sentido  contigo. Los besos que nos dimos escondidos tras la cortina de la biblioteca de tu padre encendieron mi cuerpo como un árbol de Navidad. El brillo húmedo de tus ojos, tan cerca de los míos, se me antojaron estrellas queriendo hacerse sitio en la noche más oscura. Iluminaste mi alma y prendiste fuego a mis sentidos. En aquel preciso momento supe que te quería, que quería morir a tu lado, que murieses tú al mío, lo mismo daba. Para entonces, te aseguro que ya te habría devuelto esa pequeña cantidad de dinero que me has prestado. Y con creces. Adoro tus rizos dorados, tus manos hechas de lirios blancos entretejidos. Y aunque sé que no es el momento más apropiado, necesito que me consigas un poco más de dinero. Tú y yo sabemos que lo que importa es el amor que nos tenemos y la felicidad que sentimos al estar juntos. Pero lo necesito para un proyecto que te sorprenderá.
Mi querida Laura, no veo el día de poder estar de nuevo unidos, como aquella noche en el jardín. Por cierto, ¿se te fueron las manchas del vestido?

Tuyo eternamente.
Roberto.

PD: con que me mandes una cantidad similar a la anterior creo que me servirá.”
¿Y ahora esto? El desconcierto de Laura aumentaba exponencialmente. La cuarta carta le temblaba en las manos. El sobre era blanco y el perfume que emanaba le aturdió por un instante.
La abrió. Y cuando acabó de leerla rompió a llorar. Y al instante reía como una loca y volvía a llorar y a reír, hasta que al fin se calmó y caminó lentamente, con la mirada perdida. Ya en la orilla del lago, dejó caer las cuatro cartas, que se empaparon y hundieron en sus aguas.


-Joderrr, ¿no nos vas a dejar sin saber lo que contiene la cuarta carta, no?
-Está bien, quería que fuera un misterio para que cada cual imaginase su contenido y porqué le había afectado de esa forma a Laura. Pero vale, aunque me temo que os va a decepcionar. Es una carta de mierda. Ahí va:

“Amado Luis Rodolfo: eres un cabronazo, me tienes desesperado todo el día. No me llamas, no sé nada de ti desde hace una semana. Sé que quieres castigarme con tu indiferencia. Ya te he conseguido dinero, y pronto te mandaré más. No puedo soportarlo, quiero irme a vivir contigo, quiero dejar de aguantar  al mafioso de mi padre, a la puta de mi madre y a esa ama de llaves que me la tiene jurada desde que la vi guarreando con mi viejo. Cuando le ordeno cualquier cosa, como llevar alguna carta a correos me  mira con un odio enfermizo. ¡Es diabólica! Te lo suplico Luisito,  llévame contigo, ¡sálvame!

Me muero por tus cartílagos.
El amor de tu vida.

Tu Robi”

jajaja, ¡os lo dije o no os lo dije! ¡Pues ahí la tenéis! Pero a mí, lo que más me gusta es la pintura digital y los caretos que se perciben camuflados entre la vegetación alrededor de Laura.