Bien ve ni dooooooooooossssssssssssss

Bienvenidos a mi blog a todos aquellos que anhelaron con impaciencia leerme alguna vez, seguir leyéndome si ya lo hicieron antes, ver alguna de las fotos que hago o deshago, alguno de mis dibujos o piruetas mentales (yo les llamaría "derrames"), mis pinturas al óleo, acuarelas, pasteles (uhmmm rico rico) cabroncillos, digo, carboncillos, experimentos digitales, caricaturas retratos o monstruosidades (que las habrá, no digo que no) que salgan de mi perola a través de mis manos, con la ayuda de mis ojos y a pesar de mi capacidad de raciocinio. Y, como dice una de mis numerosas sobrinas, todo esto será... pooooooooco a pooooooooooco jajuja. Por cierto, todas las imágenes y los textos de mi blog son de mi única y absoluta autoría (cuando no lo sea aviso)... y para disfrute de quien sepa apreciarlo :-D

viernes, 29 de septiembre de 2017

El Recogedor

El grupo de caza colgaba de las ramas las piezas que cobraba y contínuaba su cacería sin detenerse. El Recogedor, guiándose por la alta sensibilidad de su olfato, las localizaba y las cargaba en su carro hasta la aldea.

Aquella mañana, el olor le llegaba con menos intensidad pero sorprendentemente distinto. Se salió del sendero dejando el carro con varias piezas alineadas sobre el cajón del que destacaba el voluminoso cuerpo de un enorme jabalí sobre los corzos, liebres y aves.

El Recogedor se abrió paso por la espesa vegetación entre la que el sol saliente entreveraba sus rayos de luz creando un efímero pero bello juego luminoso. Las sombras azuleaban el denso manto que cubría el bosque y, de repente, accedió al lugar del que provenía el olor dulzón que no sabía interpretar.

Levantó la mirada y su piel azul enrojeció de repente. Vió a dos seres cubiertos por unos ropajes extraños, colgados de las ramas de un roble con los cuellos tronchados y las manos amoratadas. Le levantó la barbilla al más grande y le impactaron sus ojos muy abiertos rodeados por unos negros círculos irregulares. Estaban resecos y enrojecidos, y transmitían un terror indescriptible. El otro, que parecía un niño, portaba además, colgando de su cuello, una tablilla en la que rayado con tiza se veían unos signos que hicieron que el Recogedor frunciera el ceño.

Se negaba a aceptar que el Grupo les había dado caza para el sustento de la aldea. Sus rostros eran tan parecidos a los de ellos... Respetuosamente los descolgó y cargó en el carro. Regresó a la aldea afectado por una congoja difícil de explicar.

Cuando al atardecer regresaron los cazadores, negaron haber sido ellos los causantes de tan crueles muertes. No obstante, los dos cadáveres pasaron a formar parte de las provisiones.

Al caer la noche, a la lumbre de la fogata, el Recogedor daba cuenta de los últimos trozos de carne de la cena. Había seleccionado unos pedazos de los novedosos seres. Repasó la tablilla del niño que se guardó como curiosidad, cuyos símbolos seguían intrigándole. Los repasó de nuevo: "APESTADOS". Y el sueño se apoderó de él.

El ahorcamiento - ilustración digital


domingo, 17 de septiembre de 2017

DEPREDADOR

Estaba harto de tanta rutina. Las horas de oscuridad eran pocas para hacer algo diferente a buscar comida. Un gato callejero, ratas, perros extraviados... Los humanos eran el gran plato, pero los riesgos eran enormes. Son una especie que se organiza rápidamente y acabarían dándole caza como a una cucaracha.

Así que aquella noche tomó una decisión. Confundido entre las sombras, recorrió el cementerio como de costumbre. Entró sigilosamente en la cripta justo antes del amanecer, apartó lentamente la losa de la egregia tumba y, antes de entrar, se quedó mirando su interior. La oscuridad más absoluta. Insoportable para él.

Se introdujo tomando nota mentalmente de cada gesto, de cada contracción muscular, del rictus que le provocaba la angustia de sobrevivir en un mundo anodino.

Tumbado, arrastró con las uñas la enorme lápida del túmulo que se hizo añicos contra el suelo. Por primera vez disfrutaba de una vista nítida del techado de la cripta, iluminada por los rayos de la mañana que se abrían paso por las cristaleras. Las lenguas de luz lamían el interior de la tumba y empezó a sacar hilos de humo de la frente del vampiro. Aunque el dolor era insoportable, reprimió un grito agónico cuando la luz solar le hizo arder como una tea medieval.

Antes de sentir cómo sus ojos caían al vacío y le golpeaban la nuca, siseó entre dientes: "Así que morir era esto..."


Depredador - 29,7x21cm - Pastel sobre papel negro Canson


A la sombra

Había perdido toda esperanza, pero cada día, al atardecer, miraba a ese punto perdido en la distancia que había de materializarse en un ser concreto, más allá de toda duda, en una silueta fluctuante avanzando hacia ella con los brazos abiertos y la sonrisa desnuda.

A la sombra - 21x29,7cm-Pastel sobre papel para esbozos Canson (inspirado en una imagen vista en la red)

Regreso a Ítaca

Apenas recordaba el camino de vuelta a casa.
Las experiencias vividas adormecían su memoria y le atribulaban el alma. Pero si algún recuerdo no parecía desvanecerse, ese era el de su tierna y amada Elisabeta. Mucho antes de que Ulises se perdiera en los procelosos mares del mundo, él ya llevaba una eternidad regresando a Ítaca.

Regreso a Ítaca - 29,7x21cm - Pastel sobre papel Canson negro


Amores ocultos

Esta tarde he dibujado esta ilustración con la paleta digital. Loli, mi encantadora suegra, me ha sugerido un título intrigante: "Amores ocultos" Después de unos instantes de reflexión, en los que imagen y título se fusionaban en un mismo espacio mental, he concluido que podría tener sentido en un plano metafórico en el que los personajes son meras representaciones de sentimientos y emociones que coinciden en un momento inadecuado. Un momento que genera reacciones inesperadas, como lo harían reactivos químicos aleatorios en una probeta. Vosotros ¿qué opináis? 😄😄😄

Amores ocultos - ilustración digital

miércoles, 28 de junio de 2017

Habira

-¡Habiraaaaaaa...!

La llamada era en realidad un cántico que se enredaba como la hiedra en sus tímpanos para después perderse lastimero en la espesura.

-¡Habiraaaaaaa...!

La muchacha pisaba el sotobosque con la delicadeza de una bailarina. Su mirada saltaba de rama en arbusto intentando buscar la fuente del sonido. Habira había perdido el control del tiempo y del espacio. Cuanto más quería acercarse, en realidad se alejaba. El camino se transformaba constantemente en un paisaje nuevo, diferente. De pronto sentía la pesadez de las pisadas sobre la arena de una playa, y al momento estaba hundiendo sus pies desnudos en la nieve que cubría un campo de vides.

-¡Habiraaaaaaa...!

Habira agarró con ansiedad una de las manos que, a modo de ramaje, pendían de unas palmeras y sintió un violento tirón. Lanzó un grito y abrió los ojos hasta dolerle.

-¡Habira, hija mía!

Su madre la abrazó, la besó, la apretujó. La enfermera acudió enseguida acompañada del médico que apartó con delicadeza a la madre. Habira seguía con los ojos abiertos mirando un punto en el infinito.

Cuando el médico acabó su breve reconocimiento le cerró los párpados y la recostó sobre la almohada. Le hizo un gesto ya conocido a la madre, que siguió llorando.

Habira se agachó para arrancar la flor. Sonrió al olerla profundamente y continuó su paseo acariciando de cuando en cuando la superficie enmohecida de los moais.

Perdida - óleo sobre lienzo (detalle)

DECIR ADIÓS

Decir adiós le partía el alma. Pero al menos le quedaban los cristales repiqueteando en el cielo, los globos dorados irisando el aire, la fina lluvia azul empapando su pelo y ablandándole la mirada que lo inundaba todo, que le cortaba el aliento.

Le dolía decirle adiós. Con sus manos, que parecían alas blancas de ángel agonizando al viento. Nunca volvería a verle. Sin embargo, algo le decía que era mejor así. Que era mejor vivir alentando en su interior el esplendor de un imperecedero recuerdo, que asomarse algún día al abismo del dolor, al desolador desconcierto de no saber como reconstruir con exactitud un amor que se ha roto.


Despedida - ilustración digital