Bien ve ni dooooooooooossssssssssssss

Bienvenidos a mi blog. Todas las imágenes y los textos del blog son de mi única y absoluta autoría para el disfrute de quien sepa apreciarlo.

(Para quienes sólo quieran ver mis obras pictóricas, las encontraréis aquí http://raultamaritmartinez.blogspot.com.es/ )


domingo, 28 de agosto de 2016

Escondido

No conoce mano amiga. Los palos han quebrado su confianza. Vive aterrorizado. Comiendo, durmiendo, respirando a hurtadillas. Se le cae la piel a pedazos, se queja de varias heridas. Se refugia en casas derruidas, abandonadas, en solares, oculto entre la basura. Pero esta noche ha soñado con fuego, con el olor de las quemaduras, y se ha metido en la acequia, con el agua hasta el hocico, tiritando de pánico hasta el agotamiento, hasta que sus ojos de viejo cachorro han caído derrotados. Y la oscuridad, lentamente, se ha poblado de luces, de diminutas estrellas de colores que le arropan con dulzura en una mortaja de caricias y susurros, en un fragante paño de lágrimas calientes.



Retirado

Cae el aceite, la grasa licuada por su piel metálica. Se derraman cientos de años, como un puñado de minutos, sobre el fuselaje agrietado. Los relés colapsan, las conexiones fallan, una chispa, una simple pavesa electrónica se pasea insegura por los circuitos. 
Un parpadeo de estupor, el sentimiento..., sí, de estar perdido en un entorno hostil, de ser un elemento prescindible, molesto. 

Gotea el tiempo en su cabeza y hunde la barbilla en el pecho. 

Sabe que ha llegado su hora. Nadie le acompaña, nadie tiene que guiar sus últimos pasos hasta la trituradora. Al menos le queda el orgullo de haber sido útil. Lo máximo y único que se le exige a alguien como él. 


En una ocasión creyó haber tenido un sueño. Pero se esfumó como la niebla. 

Mientras camina, mira atrás un instante. Sigue solo. 

Las articulaciones de sus dedos chirrían levemente y se fija en que sus pasos no dejan ningún rastro, ninguna huella, y fantasea sobre un lugar en el que hay otros como él, en el que se rozan sin motivo, en el que se queden mirando un amanecer tras otro sentados juntos, sintiéndose acompañados, parte de algo más grande que todos ellos.

Sigue las luces de aviso del suelo, y algo parecido a la tristeza le rasga la garganta. Mientras, observa su sombra flamear sobre los muros, que le conducen hasta su propia aniquilación.



Desde el balcón

Perdió lo más importante. 

Al resto lo ve distante, insignificante. Les habla con indiferencia, sin interés. Les quiere como quien quiere sin querer. Apenas le afecta sus muertes, sus ausencias. Realmente, le da todo igual, porque el mundo y la vida no le importan mucho, ni poco. En realidad, no le importa nada.


La meditación

La meditación es su refugio. Abstraerse de los problemas cotidianos y sumergirse en un entorno imaginario donde su cuerpo no pesa o no existe, donde su pensamiento es solamente luz y nada percibe a su alrededor que no esté impregnado de belleza, que no esté saciado de amor. Así será hasta el siguiendo despertar, así, hasta que vuelva a nacer.



viernes, 26 de agosto de 2016

Las gaviotas

Las dos gaviotas se posaron sobre las chimeneas como si las poseyeran. Las vi tranquilas, pensativas, observando, con la brisa removiéndoles levemente el plumaje. Me sentí por un momento una de ellas, apoyado en el balcón expectante, mirando la línea del horizonte, esa que forman un combinado de tejados, antenas, ropa tendida y las montañas añil a lo lejos, diluyéndose en la distancia. Una giró el cuello para mirarme unos segundos. Imaginé que me decía: "¿No es hermoso?" Volví a quedarme prendado de la luz que arropaba todas las cosas y pensé: "Sí, lo es".



Descubierto

Tenía un don, que otra cosa podía ser si no. Paseaba por las calles atestadas de gente y nadie le veía. Pasaba inadvertido. Probó suerte un día y a alguien que venía de frente le comenzó a decir: "Disculpe, podría decirm..." pero pasó de largo como si tal cosa.

Podía danzar en la plaza del ayuntamiento, dar volteretas en las calles tras la lluvia, cantar a voz en grito, patalear, coger helados, fruta y comérselos delante del dependiente... y no pasaba nada. Era invisible para los demás. Pero un día... Un día se despertó con el cuerpo raro. Se sacudió las ramitas y las hojas anaranjadas, saludó a la ardilla que dormía en su árbol, se refrescó la cara con el rocío del césped, se desperezó aullando como cada mañana y un niño surgió de la nada y se le quedó mirando.

Le impresionó tanto que retrocedió alarmado. Enseguida le fue rodeando un tumulto de gente en silencio, mirándolo con los ojos muy abiertos.

Sintió miedo. De repente, tomó consciencia de su desnudez. Pero también de que sentía frío, sed y hambre, dolor en las articulaciones, en el pecho, de que una angustia vital se apoderaba de él. La certeza de seguridad se había esfumado, la felicidad, la paz interior ¡desaparecidas!. La muchedumbre aumentaba a su alrededor y cerraba más y más el círculo hasta que cayó de rodillas, llorando, abrazándose a sí mismo aterrorizado, confuso. Y se dio cuenta de que estaba experimentando la peor de las situaciones: Había sido... descubierto.


La Albufera de Valencia

Cambios estelares, 
tormentas de fuego, 
hielo azul, 
espadas verdemar al viento, 
senderos de caldera y misterio, 
reflejos de plata, 
magma ondulando, 
flotas aladas de luceros, 
palmípedos de lluvia y nácar, 
flechas doradas en el pecho, 
estelas en el agua, 
barcas en bata de cola,
refugio, ensueño, esencia, 
almas sonámbulas y olvidadas, 
algodones furiosos destilando nostalgia, 
brisa de lágrimas, 
chillidos juguetones en el cielo...

La Albufera.

De Valencia.