Bien ve ni dooooooooooossssssssssssss

Bienvenidos a mi blog. Todas las imágenes y los textos del blog son de mi única y absoluta autoría para el disfrute de quien sepa apreciarlo.

(Para quienes sólo quieran ver mis obras pictóricas, las encontraréis aquí http://raultamaritmartinez.blogspot.com.es/ )


miércoles, 28 de noviembre de 2012

Corazón


El amor te puso a mis pies.

Y cuando te tenía a mi merced

y pensé que era el momento de destruirte,

ese mismo amor te salvó de mí,

volviendo grana mi negro corazón.



jueves, 27 de septiembre de 2012

Sombra en el portal

Recorriendo las calles envueltas en las penumbras de la noche, el eco de los pasos se perdía entre esquinas, apenas iluminadas por las farolas cansadas de ahuyentar sombras. Las que, agazapadas en los portales oscuros, nos observan pasar, sin decir nada, con la frialdad de una presencia que no perteneciera a este mundo.

 

sábado, 9 de junio de 2012

Las cuatro cartas

El paseo entre los frondosos árboles que guardaban las quietas aguas del estanque empezó expectante mientras bailaban nerviosamente entre sus manos las cuatro cartas recibidas desde la capital.
Las palmas de las manos empezaron a sudarle y su pecho se agitaba rápidamente lleno de ansiedad.

Abrió la primera carta con torpeza y dejó caer el sobre amarillo que se confundió enseguida con las margaritas.
“Querida Laura, soy el hombre más feliz el mundo. Bendito sea el día en que tus padres invitaron a los míos a vuestra casa de campo. Pude conocerte, y desde ese momento no paro de pensar en ti. Pienso en todos los momentos que compartimos.  Aquella primera cena en familia donde descubrí  tu radiante hermosura. Esa delicada manera que tienes de coger los cubiertos y llevarte la comida a los labios. Esa forma de mirar que me hacía temblar como hoja al viento. Fueron  días inolvidables. Espero que volvamos a reunirnos pronto y disfrutar así nuevamente de tu compañía.

Enteramente tuyo.
Roberto”

Laura suspiró mirando al cielo azul. Sonriendo abrió precipitadamente la segunda carta. El sobre de color rosa cayó balanceándose hasta el camino:


“Adorada mamá: al mismo tiempo que ésta le he pedido a nuestra ama de llaves que haga llegar una carta a Laura agradeciéndole la hospitalidad de que hicieron gala con nosotros ella y sus padres.  Espero que por fin te calmes y me dejes tranquilo. He hecho todo lo que me has pedido, he sido amable con ella, a veces hasta demasiado, pero no puedo evitarlo: me da asco. Es una niña repipi, consentida, aburrida y todavía sueña con que llegará su príncipe azul algún día jajaja y por los ojillos que me pone estoy seguro de que  piensa que soy yo. Pero como no la secuestre un pitufo montado en una cabra…

Vuelve pronto mamá, te echo mucho de menos. Mi cama es un témpano sin tu cuerpo a mi lado.
Tu hijo que te necesita.

Roberto”

Laura releyó el texto una y otra vez sin dar crédito a su contenido. Se ruborizó hasta la raíz del pelo y unas lágrimas de rabia se adivinaban a punto de estallar en sus ojos.
Ya sin tanta prisa, más bien con la cautela con la que se desactiva una bomba, abrió la tercera carta. El sobre era otra vez amarillo:

“Inolvidable Laura: no he podido substraerme a la necesidad de volverte a escribir cuando la primera carta aún esta batiendo sus alas hacia tu casa. Nunca había sentido tanta dicha con ningún ser humano como la que he sentido  contigo. Los besos que nos dimos escondidos tras la cortina de la biblioteca de tu padre encendieron mi cuerpo como un árbol de Navidad. El brillo húmedo de tus ojos, tan cerca de los míos, se me antojaron estrellas queriendo hacerse sitio en la noche más oscura. Iluminaste mi alma y prendiste fuego a mis sentidos. En aquel preciso momento supe que te quería, que quería morir a tu lado, que murieses tú al mío, lo mismo daba. Para entonces, te aseguro que ya te habría devuelto esa pequeña cantidad de dinero que me has prestado. Y con creces. Adoro tus rizos dorados, tus manos hechas de lirios blancos entretejidos. Y aunque sé que no es el momento más apropiado, necesito que me consigas un poco más de dinero. Tú y yo sabemos que lo que importa es el amor que nos tenemos y la felicidad que sentimos al estar juntos. Pero lo necesito para un proyecto que te sorprenderá.
Mi querida Laura, no veo el día de poder estar de nuevo unidos, como aquella noche en el jardín. Por cierto, ¿se te fueron las manchas del vestido?

Tuyo eternamente.
Roberto.

PD: con que me mandes una cantidad similar a la anterior creo que me servirá.”
¿Y ahora esto? El desconcierto de Laura aumentaba exponencialmente. La cuarta carta le temblaba en las manos. El sobre era blanco y el perfume que emanaba le aturdió por un instante.
La abrió. Y cuando acabó de leerla rompió a llorar. Y al instante reía como una loca y volvía a llorar y a reír, hasta que al fin se calmó y caminó lentamente, con la mirada perdida. Ya en la orilla del lago, dejó caer las cuatro cartas, que se empaparon y hundieron en sus aguas.


-Joderrr, ¿no nos vas a dejar sin saber lo que contiene la cuarta carta, no?
-Está bien, quería que fuera un misterio para que cada cual imaginase su contenido y porqué le había afectado de esa forma a Laura. Pero vale, aunque me temo que os va a decepcionar. Es una carta de mierda. Ahí va:

“Amado Luis Rodolfo: eres un cabronazo, me tienes desesperado todo el día. No me llamas, no sé nada de ti desde hace una semana. Sé que quieres castigarme con tu indiferencia. Ya te he conseguido dinero, y pronto te mandaré más. No puedo soportarlo, quiero irme a vivir contigo, quiero dejar de aguantar  al mafioso de mi padre, a la puta de mi madre y a esa ama de llaves que me la tiene jurada desde que la vi guarreando con mi viejo. Cuando le ordeno cualquier cosa, como llevar alguna carta a correos me  mira con un odio enfermizo. ¡Es diabólica! Te lo suplico Luisito,  llévame contigo, ¡sálvame!

Me muero por tus cartílagos.
El amor de tu vida.

Tu Robi”

jajaja, ¡os lo dije o no os lo dije! ¡Pues ahí la tenéis! Pero a mí, lo que más me gusta es la pintura digital y los caretos que se perciben camuflados entre la vegetación alrededor de Laura.

lunes, 19 de marzo de 2012

El hombre que espera

Un hombre está de pie, rígido en la orilla de la playa, en plena noche, mientras observa a lo lejos cómo arde la ciudad.

Alrededor de él, un espacio desolado, con restos abandonados en la arena, quizás de barcas desvencijadas.

Las gaviotas se desplazan contra su voluntad movidas por una amenaza que no comprenden. El ambiente es pesado, agobiante.


Mantiene las manos en los bolsillos de su gabardina. Se inclina un poco hacia adelante, como si acabara de observar algo en la distancia que le interesa. Sigue expectante, en silencio. No hay nadie a su lado con quien compartir su preocupación. Pero no importa. Las llamas lejanas revolotean en sus pupilas y le hacen ver fantasmas creándose y destruyéndose en su alocado ascenso hacia el cielo. Una repentina brisa le mete el frio por el cuello de la camisa y le sacude el cuerpo, que tiembla como una rama mojada en un ciclón. Y de nuevo la calma. Parece vencido, y hace un gesto de retorno. Gira la cara. El dolor araña su frente y hunde la mirada en la arena. De repente un chisporroteo lejano le devuelve al hueco creado por la larga espera (hueco en el espacio, hueco en el tiempo). Las gaviotas graznan riéndose de él, las costillas roídas de las barcas muertas parecen grandes bocas que amenazan con devorarle vivo. O casi.

¿Debe seguir allí? ¿Ha de emprender el largo viaje a lo desconocido sólo? De su presente derrumbado no ha quedado nada. Ningún superviviente, ningún rehén. Sin embargo, aún no está todo perdido, seguirá esperando un poco más. Pero también, un poco menos.

sábado, 26 de noviembre de 2011

El sireno enamorado

En el agua, junto a unos arrecifes, mientras se bañaba, ella le vio bajo el agua. Un sireno espléndido, el sol refulgiendo en sus húmedas escamas.

El color dorado de sus cabellos y esos ojos grises y profundos la enamoraron instantáneamente.

El también se enamoró y muchos días nadaron juntos en las aguas frías de la costa.

Un día, ella le convenció con gestos de que saliera del agua. Lo cogió de la mano y lo adentró en la arena pedregosa de una solitaria cala.

Al llegar a un rincón acogedor él la miró un instante y lentamente cerró los ojos, abriendo y cerrando espasmódicamente las hendidas membranas del cuello.

Cuando hubo muerto asfixiado, ella acarició tiernamente su piel azul, su sexo de color verde esmeralda y después de posar un beso húmedo en su boca salada, con un cuchillo separó de los hombros la cabeza reclinada en su regazo. Arrastró el cuerpo al mar y le dijo adiós moviendo dulcemente los dedos de la mano.

En un bolso marrón con empedradura multicolor introdujo la cabeza agarrándola por los rizos dorados, sonrió y anduvo alegremente hasta su casa junto al acantilado, donde le aguardaba su magnífica colección de cabezas azules.

P.D.: Como podéis comprobar la imagen es para despistar jajaja.

El largo camino

Veo un camino que se pierde en el horizonte, justo donde cae herido el sol cada tarde. Y mis pies están recorriéndolo en solitario.

Detrás, he dejado partes de mí, aquí y allá. Esparcidas como hojas marchitas.

Miro mis manos y contemplo su vacío. No hay agua en sus palmas, no hay otras manos.

El viento me toca con sus fríos dedos la cara, y me arranca lágrimas muertas que ruedan huecas hasta mi boca.

Todo empezará de nuevo cuando dé un paso.

Todo acabará de nuevo cuando inicie otra vez el camino, solo.
¿Se puede morir de amor?, ¿se puede morir de desamor?

Tú contemplarás mi adiós en silencio. Tu rumbo… ya no coincide con el mío. Éste que andábamos juntos y que ya no compartes. Has roto tu amor por mí. Has roto mi amor por ti.

Parece muy triste y solitario el camino. Una vez más.
Pero ¿quién sabe? Quizás otra tú una a los míos sus pasos y vuelva a sentirme vivo.

Otra vez.