Bien ve ni dooooooooooossssssssssssss

Bienvenidos a mi blog a todos aquellos que anhelaron con impaciencia leerme alguna vez, seguir leyéndome si ya lo hicieron antes, ver alguna de las fotos que hago o deshago, alguno de mis dibujos o piruetas mentales (yo les llamaría "derrames"), mis pinturas al óleo, acuarelas, pasteles (uhmmm rico rico) cabroncillos, digo, carboncillos, experimentos digitales, caricaturas retratos o monstruosidades (que las habrá, no digo que no) que salgan de mi perola a través de mis manos, con la ayuda de mis ojos y a pesar de mi capacidad de raciocinio. Y, como dice una de mis numerosas sobrinas, todo esto será... pooooooooco a pooooooooooco jajuja. Por cierto, todas las imágenes y los textos de mi blog son de mi única y absoluta autoría (cuando no lo sea aviso)... y para disfrute de quien sepa apreciarlo :-D

martes, 13 de junio de 2017

AMIGO MÍO

Areiana tenía un amigo. Un niño gigante al que adoraba y que creció dentro de una cueva alimentándose de pequeños animalitos.

La niña le puso un nombre: Oblit, que significaba "grande". 

Lo escondió dentro de la montaña su mamá gigante antes de morir a manos de los Sarbish, el pueblo de Areiana. Pero eso fue antes de que ella naciera y ese hecho se perdió en el tiempo.

Areiana descubrió a su amigo curioseando dentro de la cueva. 

La única y pequeña entrada impedía que el pequeño gigante pudiera salir. Y además estaba lo del miedo. Le aterrorizaba asomarse al agujerito por el que entraba la luz.

Areiana le llevaba alimentos hasta que un día lo encontró enfermo. Se subió a su pie, trepó por su antebrazo y saltó hasta su pecho. Arrastrándose llegó hasta su cara, pellizcándole la piel subió hasta su boca, a su nariz y a sus ojos. Los tenía entornados y llorosos.

-¡Oblit!, ¿qué te pasa Oblit?

El gigante niño apenas gruñó.

Areiana corrió hasta su pueblo e intentó movilizar a sus padres, a sus vecinos para ayudar a su amigo. Pero nadie la tomó en serio.

-¡Un gigante atrapado en una cueva! Jajajaja

Sus padres le obligaron a permanecer en casa hasta que se le pasaran las alucinaciones.

La niña, cuando pudo, escapó llevándose una tinaja de leche de cabra. Al entrar a gachas en la cueva, vio a su amigo boca abajo, inerme. Se le resbaló la tinaja de la cadera hasta el suelo y corrió hasta él. Su amigo ya no respiraba. Sus grandes ojos estaban cerrados, cubiertos de sal de lágrimas. Él, en su escasa comprensión, creyó que su amiga le había abandonado al verle enfermo y que no volvería jamás. Pero al verla entrar con la tinaja, exhaló su último suspiro con una sonrisa.

Areiana se sentó junto a él y lloró sin parar. Entre sollozos, sus labios solo se abrieron una vez para susurrar:

-Amigo mío...


Amigo mío - ilustración digital

No hay comentarios:

Publicar un comentario