Bien ve ni dooooooooooossssssssssssss

Bienvenidos a mi blog. Todas las imágenes y los textos del blog son de mi única y absoluta autoría para el disfrute de quien sepa apreciarlo.

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domingo, 28 de agosto de 2016

Hastío

Vuelve a casa en autobús. El día de trabajo ha sido agotador. Uno más. Las luces nocturnas titilan en los ventanales acristalados, cubiertos de huellas de manos sudorosas, de frentes que se apoyan para contemplar el mundo en movimiento. Como hace él ahora hasta que en cada parada el corazón se detiene un segundo y suspira. 


Cada día piensa que no puede seguir adelante, que ese será el último que aguante. Le brillan los ojos cuando alguien le devuelve la mirada. Pero es un espejismo. Sigue sentado, soportando el traqueteo de los baches, y como tantos otros apoya la nariz y la frente en el cristal y aprieta los dientes hasta que escucha el crujido del hastío.


Bervered el Taciturno

Bervered se enfrentaba a diario al mismo dilema: hablar o callar. Y siempre vencía el silencio. Su extraordinaria capacidad de observación le había aconsejado mantenerse al margen de las discusiones. Lo que le había ocasionado muchas incomodidades y más de una frustración. Pero le pareció que al sacar cuentas su saldo solía ser positivo. Así le pusieron el mote de Taciturno, que ganó al de Tonto, Bulto, Estiércol entre otros no menos gratificantes. 

Quizás su mirada amistosa animó a la gente a no ser cruel con él. 

Así, Bervered el Taciturno, un buen día decidió intervenir en las conversaciones y sus vecinos se sorprendieron. Sus razonamientos eran tan perfectos, tan prácticos, tan inteligentes que a muchos les molestó. Les ponía en evidencia públicamente su sospechosa sabiduría surgida de la "nada". Y empezaron a sustituir, con sutileza pero amablemente, el apodo de Taciturno, por el de Bocazas.



Escondido

No conoce mano amiga. Los palos han quebrado su confianza. Vive aterrorizado. Comiendo, durmiendo, respirando a hurtadillas. Se le cae la piel a pedazos, se queja de varias heridas. Se refugia en casas derruidas, abandonadas, en solares, oculto entre la basura. Pero esta noche ha soñado con fuego, con el olor de las quemaduras, y se ha metido en la acequia, con el agua hasta el hocico, tiritando de pánico hasta el agotamiento, hasta que sus ojos de viejo cachorro han caído derrotados. Y la oscuridad, lentamente, se ha poblado de luces, de diminutas estrellas de colores que le arropan con dulzura en una mortaja de caricias y susurros, en un fragante paño de lágrimas calientes.



Retirado

Cae el aceite, la grasa licuada por su piel metálica. Se derraman cientos de años, como un puñado de minutos, sobre el fuselaje agrietado. Los relés colapsan, las conexiones fallan, una chispa, una simple pavesa electrónica se pasea insegura por los circuitos. 
Un parpadeo de estupor, el sentimiento..., sí, de estar perdido en un entorno hostil, de ser un elemento prescindible, molesto. 

Gotea el tiempo en su cabeza y hunde la barbilla en el pecho. 

Sabe que ha llegado su hora. Nadie le acompaña, nadie tiene que guiar sus últimos pasos hasta la trituradora. Al menos le queda el orgullo de haber sido útil. Lo máximo y único que se le exige a alguien como él. 


En una ocasión creyó haber tenido un sueño. Pero se esfumó como la niebla. 

Mientras camina, mira atrás un instante. Sigue solo. 

Las articulaciones de sus dedos chirrían levemente y se fija en que sus pasos no dejan ningún rastro, ninguna huella, y fantasea sobre un lugar en el que hay otros como él, en el que se rozan sin motivo, en el que se queden mirando un amanecer tras otro sentados juntos, sintiéndose acompañados, parte de algo más grande que todos ellos.

Sigue las luces de aviso del suelo, y algo parecido a la tristeza le rasga la garganta. Mientras, observa su sombra flamear sobre los muros, que le conducen hasta su propia aniquilación.



Desde el balcón

Perdió lo más importante. 

Al resto lo ve distante, insignificante. Les habla con indiferencia, sin interés. Les quiere como quien quiere sin querer. Apenas le afecta sus muertes, sus ausencias. Realmente, le da todo igual, porque el mundo y la vida no le importan mucho, ni poco. En realidad, no le importa nada.


La meditación

La meditación es su refugio. Abstraerse de los problemas cotidianos y sumergirse en un entorno imaginario donde su cuerpo no pesa o no existe, donde su pensamiento es solamente luz y nada percibe a su alrededor que no esté impregnado de belleza, que no esté saciado de amor. Así será hasta el siguiendo despertar, así, hasta que vuelva a nacer.



viernes, 26 de agosto de 2016

Las gaviotas

Las dos gaviotas se posaron sobre las chimeneas como si las poseyeran. Las vi tranquilas, pensativas, observando, con la brisa removiéndoles levemente el plumaje. Me sentí por un momento una de ellas, apoyado en el balcón expectante, mirando la línea del horizonte, esa que forman un combinado de tejados, antenas, ropa tendida y las montañas añil a lo lejos, diluyéndose en la distancia. Una giró el cuello para mirarme unos segundos. Imaginé que me decía: "¿No es hermoso?" Volví a quedarme prendado de la luz que arropaba todas las cosas y pensé: "Sí, lo es".