Bien ve ni dooooooooooossssssssssssss

Bienvenidos a mi blog a todos aquellos que anhelaron con impaciencia leerme alguna vez, seguir leyéndome si ya lo hicieron antes, ver alguna de las fotos que hago o deshago, alguno de mis dibujos o piruetas mentales (yo les llamaría "derrames"), mis pinturas al óleo, acuarelas, pasteles (uhmmm rico rico) cabroncillos, digo, carboncillos, experimentos digitales, caricaturas retratos o monstruosidades (que las habrá, no digo que no) que salgan de mi perola a través de mis manos, con la ayuda de mis ojos y a pesar de mi capacidad de raciocinio. Y, como dice una de mis numerosas sobrinas, todo esto será... pooooooooco a pooooooooooco jajuja. Por cierto, todas las imágenes y los textos de mi blog son de mi única y absoluta autoría (cuando no lo sea aviso)... y para disfrute de quien sepa apreciarlo :-D

martes, 12 de julio de 2011

Tomatltiuacán

Recogían tomates. Cientos, miles, millones de tomates.

Un día se dieron cuenta de que los tomates enrojecían sus manos, sus caras. Después vieron cómo la piel se les secaba, cómo los huesos afloraban a la superficie, cómo las cuencas de los ojos se les vaciaban.

Por fin, sobrevenía la locura y la muerte.

Mientras tanto, los tomates resplandecían al sol, brillando con su embrujo en los ojos enfermizos de los humanos.

Los tomates se multiplicaban extraordinariamente. Los que habían sido ya arrancados de las ramas crecían, evolucionaban, alimentándose de la sangre que absorbían a sus antiguos enemigos.

Así fue cómo los humanos fueron dominados y así es como nuestra raza sobrevive hasta hoy.

(Extractado de "Lección de Historia para brotes y esquejes")

Me pasaba muy a menudo y me creaba cierta desazón. Cuando estaba cerca de ella mi piel reverdecía con húmedas gotitas surcándome la cara. ¡Era tan hermosa! Tan redondita, con esa tonalidad bermeja llena de salud y juventud que reblandecía mis semillas como barro bajo la lluvia. El corte de mi tallo y sus pedúnculos vibraban, temblaban, se erizaban cuando mi amada frotaba su cuerpo con el mío. Pero la pasión desbocada, en ocaciones, no nos lleva a nada bueno. Ya me lo decía mi madre. ¡Controla tus instintos hijo mío! Pero no pude. Le dí un abrazo tan efusivo que, mi amor, mi gran amor, me explotó en la cara cubriéndome por completo de pulpa. Aproveché, entre sollozos, para relamerme sus restos y guardar para siempre un ácido y sentido recuerdo de ella. ¡Chop!


3 comentarios:

  1. De lo más raro que te he leído, jjajajaja, una historia de amor entre tomates???? Viva tu imaginación jajaja

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  2. No estoy ducho en esto pero esta mañana, no se porqué, he puesto tu nombre en el buscador y zas, ahí estabas. Me han venido un montón de recuerdos, lo de los tomates me ha recordado al mas racional-ilogico Raul.
    ¿Como te trata la vida?
    Nos hemos dado de alta en el blog, espero que bien.

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  3. ¿Eres tú, Jesús, el vampírico todopoderoso administrativo de Régulo? Mándame tu email al mío raultama@gmail.com y nos ponemos al día, ¿te parece? Un bezaso para tí y para Maria José.

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