Bien ve ni dooooooooooossssssssssssss

Bienvenidos a mi blog a todos aquellos que anhelaron con impaciencia leerme alguna vez, seguir leyéndome si ya lo hicieron antes, ver alguna de las fotos que hago o deshago, alguno de mis dibujos o piruetas mentales (yo les llamaría "derrames"), mis pinturas al óleo, acuarelas, pasteles (uhmmm rico rico) cabroncillos, digo, carboncillos, experimentos digitales, caricaturas retratos o monstruosidades (que las habrá, no digo que no) que salgan de mi perola a través de mis manos, con la ayuda de mis ojos y a pesar de mi capacidad de raciocinio. Y, como dice una de mis numerosas sobrinas, todo esto será... pooooooooco a pooooooooooco jajuja. Por cierto, todas las imágenes y los textos de mi blog son de mi única y absoluta autoría (cuando no lo sea aviso)... y para disfrute de quien sepa apreciarlo :-D

lunes, 12 de diciembre de 2016

Camino al after

Caía la noche y hacía frío, así que Sento fue a cerrar las ventanas del comedor cuando unos chillidos muy agudos llamaron su atención. Se apoyó en el quicio del ventanal y miró el cielo azul profundo. Decenas de pequeños murciélagos estaban aleteando de forma alocada persiguiendo su comida. Hacía mucho que no les veía dar signos de vida. De repente uno muy feo se abalanzó sobre él y le hundió sus uñitas en la cabeza provocándole un hilito de sangre. El murciélago chillaba, Sento chillaba, y su madre, que entró en el comedor en ese momento, también empezó a chillar.

Sento intentaba agarrar al bicho, pero la madre cogió lo primero que vio, una figurita de porcelana de Lladró de 1969, y se la estampó a su hijo en toda la calva. El animalito y Sento cayeron al suelo fulminados.
-¡Hijo! -gritó la madre.
-¡Mamá! -gritó el hijo.
-¡Hiiiiiiiiii! -chilló el... en fin.
Desde el suelo, Sento tenía al pequeño vampiro a la altura de sus ojos, y le observó rechupetearse los pelos del hocico. El bicho le hizo ojitos y lanzó un último suspiro antes de desmayarse junto a los trocitos de porcelana.

Después de aquello, Sento ya no volvió a ser el mismo. Cambió su vida de diurna a nocturna. Acudía a todos los saraos, pubs y discotecas hasta que acababa desayunando en el primer after que pillaba.

Le echaron a patadas del trabajo, su madre ya no le esperaba despierta y el murciélago, que acabó enjaulado como un loro, solo revivía cuando Sento le ofrecía el pulgar con unas gotitas de su sangre alcoholizada.

Sento se fue transformando, degeneró hasta convertirse en un ser grotesco y antipático. Adonde iba, la gente se distanciaba de él unos metros y murmuraban sobre su aspecto y el hedor que emanaba a pesar de los litros de L'eau de Kaphrón en el que se bañaba.

Aquella madrugada regresó un poco antes a casa. Se extrañó al ver que la jaula del murciélago estaba abierta. Y al entrar en el comedor se le cayeron las llaves del susto. Un ser enorme colgaba de la lámpara cabeza abajo agarrado por largos dedos pintados de rojo carmesí. De la cintura le caía el batín de flores como unas hojas de alcachofa dejando a la vista unas grandes bragas color carne y al final, rozando el suelo, la cara redonda y rosada de su madre, con los brazos cruzados y roncando como un tren de leña.



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