Bien ve ni dooooooooooossssssssssssss

Bienvenidos a mi blog a todos aquellos que anhelaron con impaciencia leerme alguna vez, seguir leyéndome si ya lo hicieron antes, alguno de mis dibujos o piruetas mentales (yo les llamaría "derrames"). Todas las imágenes y los textos del blog son de mi única y absoluta autoría (cuando no lo sea aviso)... y para disfrute de quien sepa apreciarlo :-D

(Para quienes sólo quieran ver mis obras pictóricas, las encontraréis aquí http://raultamaritmartinez.blogspot.com.es/ )


viernes, 9 de diciembre de 2016

La bomba

Eleonora llegaba muy tarde a la cita con Sergio y corrió por la acera mojada con sus zapatitos de tacón, pegando resbalones. Como no sabía decir que no, había comido abundantemente en casa de su abuela. "Come un poquito más, que no comes nada".

Llamó al timbre sofocada. Le picaba la garganta y al toser se le escapó un aire. Se ruborizó mirando a todos lados por si alguien la había oído. Sergio abrió sin preguntar. Menos mal. Había una anciana esperando el ascensor. Elenora estaba sudando. Apretó las nalgas, pero fue peor. Esta vez se oyó en todo el recinto y la anciana la miró con ojos espantados tapándose la nariz con la toca. Eleonora eligió subir por las escaleras aireándose la falda y maldiciendo entre dientes. Notaba que se le hinchaba el vientre como un globo.

Sergio le abrió la puerta y la vio bailando sobre sí misma.
-¡Hola! ¿qué te pasa?
Eleonora se moría de vergüenza.
-¿Dónde tienes el bañoooooooo...? -cantó, con el esfínter contraído al máximo.

Entró apresuradamente, cerró el pestillo y se sentó en la taza del váter resoplando. Pero no pudo relajarse. Había apretado tanto el culo que no podía abrirlo para liberar lo que clamaba por escapar.

Rendida, se decidió por salir del baño y disimular.
-Nada, nada. Un mareo. Uf!
-Está bien. ¿Quieres tomar algo?
-¡¡AGUA!! Perdón... un poco de agua. Gracias.

Y se sentó en el sofá con las rodillas juntas y las manos temblorosas. Pero nada más volverse Sergio en dirección a la cocina, Eleonora se llevó aterrada las manos al culo y estalló.

Él se giró al oír la explosión. Fue un ruido deformado, casi líquido, una bomba fétida que nubló por un momento sus sentidos. Cuando pudo abrir los ojos, no vio a Eleonora. En su lugar, caían pedacitos de su vestido azul, y sus zapatitos de tacón temblaban todavía donde antes estaban sus pies.


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