Bien ve ni dooooooooooossssssssssssss

Bienvenidos a mi blog a todos aquellos que anhelaron con impaciencia leerme alguna vez, seguir leyéndome si ya lo hicieron antes, ver alguna de las fotos que hago o deshago, alguno de mis dibujos o piruetas mentales (yo les llamaría "derrames"), mis pinturas al óleo, acuarelas, pasteles (uhmmm rico rico) cabroncillos, digo, carboncillos, experimentos digitales, caricaturas retratos o monstruosidades (que las habrá, no digo que no) que salgan de mi perola a través de mis manos, con la ayuda de mis ojos y a pesar de mi capacidad de raciocinio. Y, como dice una de mis numerosas sobrinas, todo esto será... pooooooooco a pooooooooooco jajuja. Por cierto, todas las imágenes y los textos de mi blog son de mi única y absoluta autoría (cuando no lo sea aviso)... y para disfrute de quien sepa apreciarlo :-D

viernes, 2 de diciembre de 2016

El reloj enamorado

He tenido que abandonar a mi reloj. 
Lo he dejado en algún lugar indeterminado en mitad del campo.
Ya no podía soportarlo más. Se había enamorado de mí.
Tenía la costumbre de programarlo para que me levantara por las mañanas, para acudir a alguna cita, para tomarme una pastilla...
Pero un buen día no sonó a la hora indicada. Me desperté sobresaltado, con el pálpito de que era muy tarde y en efecto. Miré por la ventana y llovía a cántaros. Mi reloj despertador juzgó que debía dejarme dormir en un día tan amenazador. Y llegué tarde al trabajo.
Hasta que me di cuenta de la verdad, falté a muchas de mis citas.
Aun así, le di oportunidades que a todas luces no merecía, a pesar de que sus surrealistas decisiones, a veces, me hacían reír. 
Le perdoné cuando me mostraba una hora irreal solo para mandarme mensajes de amor: 
-las 88:00 (ocho=infinito; los dos ceros juntos=nosotros. Así me decía que dormiría a mi lado por siempre)
-las 00:00 (me pedía un abrazo sentido)
-las 07:07 (que lo cogiera para bailar)...
y así un mensaje tras otro hasta volverme loco.
Ahora vivo sin despertador. 
Una semana durmiendo sin él... y le echo de menos. Tanto, que he vuelto al monte a buscarlo. 
La nieve empieza a caer y me desespero porque no recuerdo dónde lo abandoné.
He escuchado un sonido débil. Como un quejido electrónico. Escarbo con más nerviosismo del que quisiera y por fin lo localizo. Limpio la pantalla con cuidado. Está algo resquebrajada. Ha activado la alarma y tiembla en mi mano. . Una débil luz roja me muestra la hora 00:00 y se me escapa un sollozo mientras lo aprieto contra mi pecho. No podré sonreír sin él. 
Volví a mirarlo, pero ya era tarde. Me mostró una hora imposible, las 07:88, y supe que me estaba comunicando que se iba para siempre, en un baile infinito que ya nunca compartiría conmigo.


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