Bien ve ni dooooooooooossssssssssssss

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(Para quienes sólo quieran ver mis obras pictóricas, las encontraréis aquí http://raultamaritmartinez.blogspot.com.es/ )


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sábado, 3 de marzo de 2018

Elohim o El Ángel Renegado


Era hijo de gigantes, hijo de humanos, era arena mojada en la playa de la creación, era brisa perdida entre el cielo y la tierra, era madera incandescente y la gota que se duerme en el carámbano, era ceniza en el musgo y rocío en las pestañas de la primavera.

Era un ser sin destino, sin misión, sin propósito..., excepto probar que los humanos no eran dignos de sobrevivir en un mundo repleto de maravillas. Y para demostrarlo se mezcló entre ellos, observó la belleza de sus vástagos, la armonía de sus proporciones, la profundidad de sus sentimientos. Nada menos conveniente al objetivo que se había marcado.

Su confusión fue en aumento hasta que fue demasiado tarde y la inevitabilidad del deseo carnal se desató en sus entrañas. Su adicción sexual por los humanos le hizo perder el control y acabó sumido en la desesperación de quien se ve superado por los acontecimientos sin posibilidad de retorno.

Perdió sus alas, pervirtió los principios que le señalaban como un ser superior, renegó de su sangre, olvidó su nombre y lloró su fracaso. Los hombres eran dignos de vivir en la Tierra y él, que pretendió aniquilarlos, se hincó de rodillas y suplicó a los dioses que no le castigaran, que le permitieran gozar de la vida junto a ellos hasta el fin de los tiempos.

Pero no se lo concedieron. Porque ese iba a ser su castigo: que habiendo convivido con la luz, fuera arrojado de nuevo a la oscuridad para siempre.

Renegado-29,7x21cm-Lápices y tintas


lunes, 3 de octubre de 2011

FROZEN WINGS

Antes de que llegue la noche eterna, mientras la tibia luminosidad de los atardeceres suaviza los bordes quebradizos del hielo sobre la tierra, la dureza de los vientos del norte golpea sin descanso la rígida figura que languidece prisionera del tiempo.
Algunas estrellas refulgen en el cielo, azules, como la hueca mirada del ángel, azules como sus alas sin destino, como sus dedos, en otro tiempo trémulos extendiéndose en el aire, esperando una mano que le arranque de su destierro.
Atrás quedaron los intentos por salvarla. Era menuda, era bella. Su risa recorría como un rayo las llanuras de escarcha cuando la alegría llenaba sus entrañas. Era la hija de la luz y de la noche, la hija de las nubes y las auroras.
Y la raptó una jauría de demonios que trotaba embrutecida por el mundo.
Nunca se volvió a saber de ella. El eco de sus carcajadas infantiles flotó en los corazones de quienes la quisieron durante décadas, hasta que el olvido la cubrió con tormentas de nieve sin fin.
Sólo su ángel permanece en pié, señalando el sitio donde el cuerpecito convertido en estrellas de plata dormía su sueño eterno. Su ángel, cuya profunda tristeza le llevó a arrancarse los ojos en pago por su fracaso.
El hueco de las cuencas era el vacío que su descuido había dejado en el fondo de su corazón. Y aún sigue esperando a quien enjugue las lágrimas heladas que recorren sus mejillas.
Ahora, que no es más que un ángel sólo, herido…, la sombra de un ángel sin alma.

Gracias a la inestimable colaboración de la gran ilustradora Alicia Tamarit (mi hija, para más datos :-D) que me ha cedido el uso de su bellísima obra Frozen Wings, y que además me ha sugerido la idea para el texto que le acompaña. ¡Muchos besos, artista!