Bien ve ni dooooooooooossssssssssssss

Bienvenidos a mi blog. Todas las imágenes y los textos del blog son de mi única y absoluta autoría para el disfrute de quien sepa apreciarlo.

(Para quienes sólo quieran ver mis obras pictóricas, las encontraréis aquí http://raultamaritmartinez.blogspot.com.es/ )


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domingo, 8 de marzo de 2020

Qué hermoso fue encontrarte


Qué hermoso fue encontrarte,
qué hermoso sentir tus manos sobre mi cuerpo,
ver tus dedos construyéndolo de la nada,
Solo fue un sueño-Pastel sobre papel
tonado (dibujado ayer inspirándome
en una imagen de
la película Los Miserables)
cosiéndolo, atusándome las plumas nuevas,
montando dulcemente las piezas más complejas,
y poco a poco, el tiempo se desplegaba
como las alas de un ángel sobre mi cabeza
y tú besabas mis labios nuevos,
acariciabas mi piel primigenia
inventada por ti para mí,
para un universo diferente,
para un mundo recién amanecido,
y me enseñaste a volar con tus alas regaladas
hasta elevarnos juntos sobre los valles vírgenes,
sobre las lomas, sobre las nubes plateadas
de las montañas más altas,
y la felicidad caía por mis mejillas
y mis brazos rodeaban tu espalda
y mi pecho contra el tuyo se fundía en las alturas...
...hasta que, manteniéndome la mirada,
me arrancaste una a una las plumas del amor,
y me dejaste caer desde las estrellas al vacío,
y la caída fue tan dolorosa,
el desgarro tan profundo,
que mientras caía y caía,
dejó de importarme vivir,
dejó de importarme morir.

viernes, 8 de noviembre de 2019

Redención

Me quedé de pie, empapado, frente a las pomposas escalinatas. Los demás congregados bajaban charlando entre ellos, se tapaban la cabeza con la ropa, abrían sus paraguas. Se dividían a mi derecha y a mi izquierda, como si me tomaran por Moisés separando las aguas.

Saliste la última. Tu cuerpo a contraluz se detuvo frente a mí en lo alto de las escaleras. Durante una eternidad tus ojos se clavaron a mis pupilas. Te pedí perdón con la mirada, consciente de que no había remedio, pero tu gesto de decepción me aplastó el alma. En ese momento, el cielo se hacía añicos sobre nuestras cabezas.


Redención-29,7x21cm-Técnica mixta
Bajaste los peldaños y te detuviste en el último. Parecías indecisa. Se me detuvo el corazón, aún había esperanza. Te cubriste la cabeza con la capucha, se desplegaron en todo su esplendor tus magníficas alas y desapareciste envuelta por la cortina de agua como un grito se pierde rebotando en las húmedas paredes de un pozo olvidado y profundo.

Yo ya no tendría otra oportunidad para redimirme, así que me abandoné a mi propia naturaleza.

Empecé incendiando el Palacio de la Luz, y después seguí mi camino imparable, dejando un rastro de fuego y destrucción por las calles que me devolvían inevitablemente al Averno.

Autor: Raúl Tamarit Martínez



jueves, 1 de noviembre de 2018

El ramo de boda

Solo era un ramo de flores, pero no un ramo de flores cualquiera.
Florina se afanaba en acudir a todas las bodas que podía, fuera como amiga o como visitante espontánea. Es lo que tienen algunas bodas, no se puede controlar a todo el mundo que acude. ¿Será un familiar que no reconocemos o será amiga de alguno? En fin, lo mejor era no darle importancia mientras no consumiera un cubierto en la mesa.
De esas dudas y sonrisas falsas se alimentaba Florina y se las arreglaba siempre para estar entre las damas que saltaban peleándose por conseguir el ramo de flores que la novia lanzaba al aire. Florina no se perdía ni un solo fotograma de la película que comenzaba en la mano de la novia, el ramo se despegaba de sus dedos, flotaba en el aire dando vueltas y vueltas, algún pétalo salía despedido al espacio en el viaje de reentrada a la atmósfera y seguía cayendo, haciendo espirales irregulares hacia las decenas de uñas de variopintos colores que se estiraban para agarrarlo. Pero las garras de Florina estaban hiperdesarrolladas y sus dedos se estiraban hasta lo indecible más que cualquiera de los demás. Sus falanges se tornaban gomosos y elásticos así como sus uñas kilométricas. Esas armas junto con algún empujón estratégico bastaban para conseguir el premio gordo. El ramo de la novia, la confirmación de que la próxima en casarse iba a ser ella.
El ramo de novia - ilustración digital
Cuando lo atrapaba gritaba, reía y lloraba de felicidad, se arrodillaba en el suelo apretujando el ramo en su pecho, como si se tratara de un bebé. Y las demás se apartaban de ella espantadas por el bochornoso espectáculo y la dejaban sola con su delirio.
Siempre acababa así. Florina se recomponía y con su ramo de flores, como una loca, paseaba por los alrededores del recinto, por los jardines, ignorando a las mujeres y mirando fijamente a los ojos de todos los hombres con los que se cruzaba, no le importaba que ellos la rehuyeran.
Al cabo de unas horas empezaba a sentir asco de todos ellos y comenzaba el regreso a su casa. Muchas veces andando, otras en autobús y las menos en taxi.
Al entrar en su casa, su madre le preguntaba desde la mecedora de la salita y ella se encerraba en su cuarto dando un portazo sin responder. Se sentaba en la cama y se comía el ramo. Empezaba con las florecillas más pequeñas y acababa royendo los tallos más duros. Después lo vomitaba todo, se duchaba, se ponía el pijama y hacía compañía a su madre, que la miraba de reojo con desaprobación.
Pasaron meses hasta que vio anunciada la boda de los Vinissiti. El día de la boda, consiguió pasar por entre los vigilantes de la puerta confundida en medio de un gran grupo de personas. Con su vaporoso vestido rosa hecho por ella, imitación a un Versace que le fascinó, rematado con una pamela al estilo Audrey Hepburn en "Desayuno con diamantes" a la que le cosió unas flores alrededor. Los zapatos de tacón alto a juego se los compró en un rastrillo, pero a ella le parecieron los de una princesa.
Una vez dentro de la fastuosa finca, fue repartiendo sonrisas a diestro y siniestro, intentando que no se le notara demasiado la férula dental. Los invitados se repartían por los alrededores del jardín y alguno se atrevía a adentrarse en el impresionante laberinto a espaldas del edificio.
Clarisa Vinissiti esperó a hacerle el corte a la enorme tarta con una espada del siglo XVI de la familia, antes de iniciar la ceremonia de lanzamiento del ramo.
Esta vez Florina no tenía apenas competencia, la mayoría de las jóvenes solteras lo rehuían por vergüenza, sin embargo alguna aceptaba por amistad hacia la novia. Pero incluso aunque hubieran luchado por él, no eran competencia para Florina. Nuevamente lo cazó como si se tratara de una inocente paloma y ella un ave de rapiña. Las otras cinco pretendientes se asustaron al oír su grito de triunfo y le hicieron el vacío. Florina respiro profundamente y salió del gran salón abrazada al ramo. Como de costumbre recorrió cada rincón en busca de su media naranja (¿víctima?) y sin darse cuenta entró en el laberinto.
Los muros de cipreses mutilados la forzaban a girar, a volver, a detenerse. En uno de los recodos descubrió un pequeño asiento de piedra. Descansó en él hasta que una joven pareja dobló la esquina y la vieron. El joven, al verla sofocada, se inclinó para preguntarle:
-¿Se encuentra usted bien, señorita?
La jovencita le sujetó el brazo con fuerza y tiró discretamente de él. Presentía en Florina cierta energía que la inquietó.
Florina miró al muchacho con ojos brillantes, pasó la lengua por sus labios para hacerlos más atractivos y le dijo:
-Mira, he conseguido el ramo de la novia. ¿Quieres casarte conmigo?
La acompañante del chico estiró de él ya sin contemplaciones.
-¡Vámonos de aquí! ¡Venga!
El muchacho aún desconcertado por la pregunta de Florina, se dejó arrastrar por su pareja hasta que la perdieron de vista.
-¿No te has dado cuenta? ¡Esa tía está loca! ¡Vámonos de aquí!
-¡Eh, cálmate! ¿No crees que estás exagerando? Me vas a arrancar la manga.
Florina les siguió con la intención de salir del laberinto y volver a su casa lo antes posible. Su frustración esta vez era absoluta.
Los jóvenes, que creían que les seguía con turbias intenciones, se pusieron nerviosos, no acertaban con el camino de salida, y se adentraban más y más en el laberinto seguidos de cerca por la esperpéntica figura de Florina, cuyo vestido empezaba a mostrar varios girones y las flores se le caían mustias a los lados del sombrero.
Tras varias caídas y con un ataque de nervios, la chica de la pareja lanzó un alarido de alivio al verse en el centro justo del dédalo, con la fuente y la estatua del arcángel Gabriel en el centro. De la punta de la espada del ángel surgía un flojo chorro de agua cristalina. Los dos jóvenes se apoyaron en el borde de la fuente sin parar de vigilar la salida por la que ellos habían llegado. Florina no aparecía por ella. Pensaron que había dejado de seguirles pero seguían tensos. Se mojaron la cara y la nuca. Estaban aterrorizados. Se pusieron a gritar auxilio y al cabo de unos eternos minutos el guarda de la finca apareció y les acompañó hasta el salón de la finca. Una vez allí, dieron la alarma por la presencia de la dama de rosa que les había acosado en el laberinto y que nadie conocía.
Mientras tanto Florina seguía perdida en el laberinto. Tras muchas vueltas, consiguió llegar a la fuente del ángel pero, al intentar agacharse para beber, sufrió un mareo y se golpeó en la frente con el dedo pulgar del arcángel. Cayó sin sentido dentro del estanque y se ahogó. La férula de plástico se le despegó de los dientes y quedó flotando junto con algunas hojas marchitas.
A la mañana siguiente muy temprano, la bruma cubría toda la loma y el laberinto aparecía rodeado de espirales de niebla fantasmagóricas.
El guarda, haciendo limpieza tras el festejo, llegó hasta el corazón del laberinto y advirtió un ramo de flores que sobresalía de la superficie del estanque. Se acercó y ahí estaba Florina, boca arriba, agarrada al ramo, como una Ofelia del siglo XXI, pero con una extraña sonrisa dibujada en sus labios. Sus ojos, abiertos e hinchados como huevos de gorrión, miraban fijamente al rostro cabizbajo del arcángel Gabriel, que parecía decirle muerto de amor: "Claro que sí, Florina. Sí quiero".

sábado, 3 de marzo de 2018

Elohim o El Ángel Renegado


Era hijo de gigantes, hijo de humanos, era arena mojada en la playa de la creación, era brisa perdida entre el cielo y la tierra, era madera incandescente y la gota que se duerme en el carámbano, era ceniza en el musgo y rocío en las pestañas de la primavera.

Era un ser sin destino, sin misión, sin propósito..., excepto probar que los humanos no eran dignos de sobrevivir en un mundo repleto de maravillas. Y para demostrarlo se mezcló entre ellos, observó la belleza de sus vástagos, la armonía de sus proporciones, la profundidad de sus sentimientos. Nada menos conveniente al objetivo que se había marcado.

Su confusión fue en aumento hasta que fue demasiado tarde y la inevitabilidad del deseo carnal se desató en sus entrañas. Su adicción sexual por los humanos le hizo perder el control y acabó sumido en la desesperación de quien se ve superado por los acontecimientos sin posibilidad de retorno.

Perdió sus alas, pervirtió los principios que le señalaban como un ser superior, renegó de su sangre, olvidó su nombre y lloró su fracaso. Los hombres eran dignos de vivir en la Tierra y él, que pretendió aniquilarlos, se hincó de rodillas y suplicó a los dioses que no le castigaran, que le permitieran gozar de la vida junto a ellos hasta el fin de los tiempos.

Pero no se lo concedieron. Porque ese iba a ser su castigo: que habiendo convivido con la luz, fuera arrojado de nuevo a la oscuridad para siempre.

Renegado-29,7x21cm-Lápices y tintas


viernes, 3 de marzo de 2017

Encuentro decisivo

No marques el camino de vuelta con miguitas de pan, porque los animalitos del bosque se las comerán.

No siembres tu camino de cadáveres, porque el ángel de la muerte, más pronto que tarde, te aniquilará.





Encuentro decisivo - ilustración digital

jueves, 22 de septiembre de 2016

Remordimiento angelical

Él no buscaba ser un ángel. Y mucho menos un ángel vengador. A él lo que le gustaba era cantar. Se sentía a gusto en el coro de los serafines. Pero no podía ser. Desafinaba, y Gabriel le enmudeció para siempre.

En el cielo a cada uno le asignan un cometido. El suyo era vengar el oprobio cometido contra los inocentes. Lo cual no le desagradaba del todo. De hecho, él mismo se consideraba víctima de su jefe. Y esa circunstancia le dio el punto que necesitaba para realizar su trabajo: la rabia. Sus mandobles cortaban cabezas, cercenaban piernas y brazos hasta destruir la maldad al ritmo de "Santo, Santo, Santo es el Señor". 

Sin embargo, al acabar la matanza, se sentía culpable. ¿Porqué tenía que ser él? ¿Merecía tamaño castigo no saber cantar? Sabía que no era libre, y que el remordimiento le perseguiría el resto de su singular eternidad. Miró hacia abajo donde sus homónimos caídos se reían de él. Agachó la cabeza, apretó los puños y tarareó en su mente una melodía mientras esperaba impaciente su siguiente encargo.



miércoles, 28 de noviembre de 2012

Con las uñas



Con las uñas, cavé para ti una tumba.

Mis lágrimas brotaron
como flores sobre ella,
y mi tristeza de amor
sigue quemando,
cada noche que sobre mí
la bóveda celeste
se derrumba.

Pero sigo viendo tu cara de ángel,
como de niña caprichosa,
mirándome con pena infinita,
oculta tras una estrella.






lunes, 3 de octubre de 2011

FROZEN WINGS

Antes de que llegue la noche eterna, mientras la tibia luminosidad de los atardeceres suaviza los bordes quebradizos del hielo sobre la tierra, la dureza de los vientos del norte golpea sin descanso la rígida figura que languidece prisionera del tiempo.
Algunas estrellas refulgen en el cielo, azules, como la hueca mirada del ángel, azules como sus alas sin destino, como sus dedos, en otro tiempo trémulos extendiéndose en el aire, esperando una mano que le arranque de su destierro.
Atrás quedaron los intentos por salvarla. Era menuda, era bella. Su risa recorría como un rayo las llanuras de escarcha cuando la alegría llenaba sus entrañas. Era la hija de la luz y de la noche, la hija de las nubes y las auroras.
Y la raptó una jauría de demonios que trotaba embrutecida por el mundo.
Nunca se volvió a saber de ella. El eco de sus carcajadas infantiles flotó en los corazones de quienes la quisieron durante décadas, hasta que el olvido la cubrió con tormentas de nieve sin fin.
Sólo su ángel permanece en pié, señalando el sitio donde el cuerpecito convertido en estrellas de plata dormía su sueño eterno. Su ángel, cuya profunda tristeza le llevó a arrancarse los ojos en pago por su fracaso.
El hueco de las cuencas era el vacío que su descuido había dejado en el fondo de su corazón. Y aún sigue esperando a quien enjugue las lágrimas heladas que recorren sus mejillas.
Ahora, que no es más que un ángel sólo, herido…, la sombra de un ángel sin alma.

Gracias a la inestimable colaboración de la gran ilustradora Alicia Tamarit (mi hija, para más datos :-D) que me ha cedido el uso de su bellísima obra Frozen Wings, y que además me ha sugerido la idea para el texto que le acompaña. ¡Muchos besos, artista!

miércoles, 18 de mayo de 2011

Baño de sangre

Estaba desconcertado, en medio de la nada, tambaleándose, las alas maltrechas, resquebrajadas. La planta de los pies heridos por los guijarros del camino. Un cielo tormentoso cerniéndose sobre su cabeza. Los truenos ensordeciendo la bóveda celeste. Y se detuvo. Se irguió inestable, débil, alzando los brazos y mirando las ocultas estrellas con ojos repletos de lágrimas blancas.

No salió el grito de su garganta. De su boca brutalmente abierta solo surgió un gemido que resonó como un arañazo en la nuca. Del cielo cayó la lluvia, espesa y roja, cayó el lamento inacabable de todos los inocentes que murieron a manos de la iniquidad y la rabia surgida del miedo. Y él la notó arder en su cuerpo como si fuera suya, como si le hubieran abierto la garganta al mundo y su sangre cayera sobre él en cascada, venciendo sus rodillas con el peso de la lluvia. No podía luchar más, había perdido la fe en su propósito, porque la tarea era inmensa, imposible incluso para un ángel. Él ya no estaba convencido de poder salvar a la Humanidad de su inevitable destino...



Texto inspirado en este genial, a la par que brutal, dibujo de mi hija Alicia. ¡Eres la leche hija mía! Eres toda arte esparcido por la Rosa de los Vientos.