Bien ve ni dooooooooooossssssssssssss

Bienvenidos a mi blog. Todas las imágenes y los textos del blog son de mi única y absoluta autoría para el disfrute de quien sepa apreciarlo.

(Para quienes sólo quieran ver mis obras pictóricas, las encontraréis aquí http://raultamaritmartinez.blogspot.com.es/ )


lunes, 11 de julio de 2011

El asesino

El compositor estrujó el cigarrillo contra el cenicero hasta conseguir apagarlo por completo y respiró profundamente la última espiral de humo que avanzaba lentamente en su ascensión. Se dio ánimos a sí mismo y estirándose la chaqueta empezó a andar entre dudas que le hacían sudar a cada paso.

Entró en la habitación. El "Requiem" sonaba llenando todo el espacio.

Su mujer se encontraba desnuda, tumbada sobre las sábanas revueltas. Se incorporó asustada cubriéndose instintivamente al ver la cara desencajada de su marido.

El músico saltó sobre ella. 

Todavía poseído por la ira, arrojó al suelo el cuchillo que hacía unos segundos buscaba incansable el amor traicionado.

Se dirigió a la puerta y giró la cara para mirar por última vez su cuerpo sin vida. La música parecía retumbar en las paredes.

Salió de la habitación con parsimonia, entró en la biblioteca, sacó del primer cajón de su mesa de trabajo un revólver y tanteó suavemente el gatillo con el dedo índice. Alzó la pistola hasta la altura de sus ojos. Ni siquiera se preocupó de apuntar bien. Y sin apenas pensarlo, con los ojos muy abiertos, disparó: una, dos, tres, hasta cuatro veces, y el cristal del retrato saltó hecho pedazos en el aire.

Con los ojos humedecidos de rabia y el olor a pólvora embotando sus sentidos se regodeó del resultado de su acción. Entre cristales rotos, con el "Requiem" aún tronando, le miraba el aborrecible retrato del gran Wolfgang Amadeus Mozart: el invencible amante de su esposa.

(¿Hola? Perdón por entrar en el tema. No puedo hablar muy alto, ¿me escuchan? Vamos a ver, comento. Una vez eliminada la parte emocional del asunto, me parece que el tío está muy grillao... sí, ¡el marido! El complejo de inferioridad respecto a un genio de la música, inalcanzable, y sobre todo ¡muerto hace cientos de años! es el auténtico desencadenante de una acción tan brutal. Y digo yo, ¿porqué te has dedicado a la música? ¿porqué no te has metido en el mundillo del hampa para así poder dar rienda suelta a tus fobias, a tus desequilibrios mentales? No señor, no. Te casas, con una melómana, sin comprobar antes que tienes un competidor insuperable, y encima la culpabilizas y la matas, ¡con saña! ¿Y el después? ¿Has pensado en la recogida? ¡Claro! ¡La de los cristales, la sangre, la ropa, las sábanas, la leche, las hostias? Bueno, la leche no. En todo caso la malaaaaaaa. A propósito. Decidle al dibujante que se ha confundido. La mata en la habitación con un cuchillo y lueeeeego mata a "Mozart" en la biblio con una pistola. Si no es así, corregidme. ¿Y que quién soy yo? Jajaja, joder, ¡pues el amante de verdad, el de carne y hueso que sigue meado encima y debajo de la cama cagaadoo de mieeedooo!)

Autor: Raúl Tamarit Martínez




viernes, 17 de junio de 2011

La guitarra dormida

La guitarra dormida

Eleanor no era joven. Los grandes amores, los amores eternos del “siempre te amaré” acabaron marchitos como flores en un jarrón olvidado.

Aquel atardecer tocaba en su guitarra viejas melodías que ella misma compuso y que nadie llegó a escuchar, protegida bajo un frondoso árbol, en lo alto de la loma. 

El otoño cortaba uno a uno los tallos de las hojas que caían sobre ella en cálidas espirales que los rayos del sol irisaban en un festival de luces. Desde allí veía su casa, edificada entre una espesa vegetación. Le esperaba un ramillete escogido de fieles amigos que acudieron a su llamada.

Caminó lentamente y cuando llegó hasta el jardín, todos la rodearon en silencio. Los había convocado para asistir a un evento muy especial: el funeral de su guitarra. Cogiéndola firme por el mástil, la acostó sobre el túmulo de piedra levantado frente al pozo, decorado con guirnaldas de rosas rojas.

Merecía su propio ritual. Había sido su fiel compañera desde el día en que su padre se la puso en los brazos como a un recién nacido, sin saber que en ese momento la renacida sería su propia hija.

Todos elevaron sus copas en señal de respeto y esperaron a que la anfitriona apurara el champán para secundarla sin pronunciar palabra.

Eleanor apartó con sus pies descalzos las hojas muertas del jardín en su camino hasta el portal de la casa, cruzó el zaguán y subió las escaleras hasta el ático abuhardillado. Allí le esperaba su joven amante, tembloroso. Se sentó a su lado, a espaldas de la ventana por la que entraba el sol del atardecer.

A contraluz, Eleanor le hizo al muchacho un gesto convenido y él, con la cabeza gacha, sollozando, sacó el cuchillo de su funda de cuero. Con mano trémula cortó las delicadas muñecas de Eleanor profundamente. Después, unió sus labios repletos de lágrimas a los de ella, que se tornaban pálidos por segundos, como si transmutaran en nube, o en ceniza, o en alma que se desvanece.

La sangre caía a borbotones empapando los tablones a sus pies. Recorrió como una cascada escarlata la escalera y anegó el jardín, arrastró hojas multicolores, pétalos indolentes. Los asistentes contemplaron con estupor cómo aquel afluente carmesí ascendía por las paredes del túmulo donde la guitarra dormía, donde el viento tañía caprichosamente los bordones poniendo banda sonora a la muerte de la tarde…, a la muerte de Eleanora y su mundo... a la muerte del amor eterno.


Autor: Raúl Tamarit Martínez

martes, 7 de junio de 2011

La carta

Desde que empezó la mili repite la pregunta:
-¿Tengo carta colega?
No la espera de nadie en concreto, de nadie en especial. Pero él lo ha convertido en una rutina.
-Hoy no César.
Otro día entra con pasos cansados en el pabellón, arrastrando las botas deshebilladas de manera indolente. Vuelve a preguntar con voz nasal:
- ¿Me han traído carta, colega? - fingiendo indiferencia, serio, mientras desbarata el montón buscando su nombre.
- No, creo que no.
Cuando acaba, el vacío vuelve a llenar sus pupilas.
- ¡Buá!! - dice, y se aleja moviendo la cabeza como un viejo péndulo, contrapesando el movimiento irregular del resto del cuerpo y el de sus sentimientos. Pega una chupada al cigarrillo tirando el humo por la nariz y alza las cejas con gesto displicente.
Me apenaba verle más tarde, sentados en el bordillo de la acera, mientras el sol caía tras los barracones, esa sonrisa enmarcada por la melancolía y la mirada perdida tras las cosas. Era como un niño a quién le hubieran robado en un descuido la felicidad.
Se le humedecían los ojos cuando me contaba cómo miles y miles de colegas se acercaron hasta la estación de Chamartín para despedirle entre abrazos y vítores. No daba abasto con tanto achuchón jeje. Y cuando se le ahoga la risa, se queda mirando al suelo y una calada ilumina apenas un rictus burlón que cuelga de su sonrisa.
Es triste verle rebuscar distraídamente esa carta que nunca llega, de alguien que parece no existir, día tras día, y simular al instante que no le importa: “Buá!, verle crear su escaparate de suficiencia, y saberle tan vulnerable, tan perdido.
En fin, ahí está otra vez.
- Hola tronco, ¿tengo carta?
- No me he fijado. Mira tú a ver.


jueves, 2 de junio de 2011

La memoria de Célula

¿Qué habría dicho Newton si alguien le hubiese hablado de la Teoría de la Relatividad de Einstein o de que hay partículas subatómicas cuyo comportamiento es contrario a la intuición humana? Y sin embargo, el tiempo, el trabajo, el experimento dirigido por teorías acertadas por muy extrañas que en un principio parezcan y la fe inquebrantable en una idea que se bate en desigual batalla contra la corriente científica del momento ha conseguido que la Humanidad avanzara hasta altas cotas de conocimiento.

En eso estaba pensando Célula, y sobre la opinión que de su memoria tienen el 99,99(...)99% de los científicos. Estaba ofendida e indignada. Una célula, cuando nace, puede convertirse en casi cualquier cosa, almacenando en su crecimiento, íntimamente unida a otras, toda la memoria que se supone sólo conservan las células cerebrales. La memoria de un ser está en todas y cada una de sus partes. Por lo tanto, la memoria colectiva universal, está en todos y cada uno de los seres que la componen, animados e inanimados. Esta teoría, tan revolucionaria como absurda para la mayoría, es uno de los grandes secretos a voces del Universo.

Quizás algún día, en algún tiempo, todos compartamos esta verdad.

Quizás algún día, en ningún tiempo, consigamos descubrirla en nuestro interior.

Por lo pronto, a Célula no le preocupa que se ignore su sabiduría. La vida está tan llena de misterios como la muerte. Y lo único que hacen los humanos es sorprenderse de su poder, continua, constantemente. Y de su propia ignorancia, constante, continuamente.

viernes, 27 de mayo de 2011

A la deriva

Por enésima vez. Sin rumbo fijo, sin viento a favor cuando no sabes hacia dónde te diriges.

Destrozado, como las velas en el mástil tras la tormenta inmisericorde. ¿Recuerdas el juego cuando no eras más que un niño? "Coge tu regalo de la caja" Y cuando acercas la mano juegan a cerrarte la tapa. Retiras la mano una, dos veces y todos rien. A muchos les han dejado coger el regalo al final, cuando los bromistas empiezan a aburrirse de la angustia ajena. Displicentes. A tí te pillaron las uñas del índice... y del corazón.

A lo largo de la vida siguieron apareciendo en tu escenario los mismos personajes burlones: jefes, falsos amigos, chicas, falsos amores. Depredadores rondando a tu alrededor, desgajando una a una... las esperanzas, una a una... las ilusiones. Huelen la sangre, se intercambian miradas cómplices, uno se agacha tras de ti y el otro te empuja para que muerdas el polvo. Tu mejor cita... bajo la farola, bajo las estrellas, bajo la decepción que llovía a cántaros aquella noche, sobre aquel ensordecedor silencio, mientras esperabas, mientras jamás llegaba.

Y siguió lloviendo en tu vida... ¡tanto!... que ondeas sobre las aguas, exhausto, sobre un frágil bote de asfixiantes siemprenadas. Ahora únicamente quieres estar sólo. Donde nadie puede herirte. Pero, también, donde nadie puede salvarte.

viernes, 20 de mayo de 2011

Los seres de Sombra

Le venía a la mente aquella noche en la que se fue la luz de la ciudad.

En su casa, en el comedor, con sus padres y sus hermanos, a oscuras, escuchando los ruidos que su madre provocaba mientras buscaba la vela en el último cajón del aparador, previsoramente guardado junto a una caja de cerillas. El reconocido ras-ras del fósforo contra la lija y la luz que se apodera temblorosamente de la estancia. De repente un universo sorprendente y sorprendido se revela ante sus ojos, seres que se asoman y se esconden, pillados en plena evolución, en su devenir por la otra dimensión, huyendo envueltos en penumbras como capas o ropajes tejidos de sombras.

Era entonces una niña y su toma de contacto con lo desconocido sólo acababa de empezar.  Muchos años después, su búsqueda continuaba, y entre el espeso ramaje, con escasa iluminación, volvió a verles. Descubrió que no se mostraban a la mirada directa, que sólo permitían ser vistos por el rabillo del ojo, donde los bastoncillos largos mantenían vibrando migajas de luz. Que desaparecían tras los árboles en cuanto la luz les hería el rostro o la levedad de su piel evanescente. Emocionada, permaneció quieta, quieto el farol, y tras un instante de incertidumbre, las sombras se movieron a su derecha, a su izquierda. Notó sus suaves manos rodeándole los brazos, su tacto de humo y niebla.  Y notó cómo tiraban de ella, con cuidado, hasta que dividieron su cuerpo que estalló en millones de pavesas que iluminaron la noche como el día. Y desapareció. Sólo quedó el farol consumiéndose, en mitad del bosque, como testigo mudo, como pálido recuerdo de una larga búsqueda acabada.


Algunos se preguntan qué hay en las otras dimensiones. Esa pregunta presupone la existencia de más de tres. En el colegio ya me hablaban de la cuarta, el tiempo. La quinta, la sexta y la séptima para mí, no sé para determinados científicos y matemáticos, son un misterio y me permite especular y soñar. ¿Es el pensamiento otra dimensión? ¿Lo es el alma? ¿"Vive" algo o alguien en otras dimensiones? ¿Hay puertas que nos comunican con ellas? Sólo hay teorías, la de las supercuerdas intenta explicarlo todo. Pero al final creo que nos resulta tan difícil entender las tres en las que nos movemos, amamos y ¿morimos? que ¿para qué complicar aún más lo incomprensible?
Por cierto, los seres de las sombras devolvieron a nuestra protagonista a su mundo porque ni la entendían ni la soportaban. Amaneció llorando junto a su farol consumido y jamás volvieron a aprovechar sus bastoncillos para visitarla en las noches sin luna.