Bien ve ni dooooooooooossssssssssssss

Bienvenidos a mi blog. Todas las imágenes y los textos del blog son de mi única y absoluta autoría para el disfrute de quien sepa apreciarlo.

(Para quienes sólo quieran ver mis obras pictóricas, las encontraréis aquí http://raultamaritmartinez.blogspot.com.es/ )


viernes, 26 de agosto de 2016

Descubierto

Tenía un don, que otra cosa podía ser si no. Paseaba por las calles atestadas de gente y nadie le veía. Pasaba inadvertido. Probó suerte un día y a alguien que venía de frente le comenzó a decir: "Disculpe, podría decirm..." pero pasó de largo como si tal cosa.

Podía danzar en la plaza del ayuntamiento, dar volteretas en las calles tras la lluvia, cantar a voz en grito, patalear, coger helados, fruta y comérselos delante del dependiente... y no pasaba nada. Era invisible para los demás. Pero un día... Un día se despertó con el cuerpo raro. Se sacudió las ramitas y las hojas anaranjadas, saludó a la ardilla que dormía en su árbol, se refrescó la cara con el rocío del césped, se desperezó aullando como cada mañana y un niño surgió de la nada y se le quedó mirando.

Le impresionó tanto que retrocedió alarmado. Enseguida le fue rodeando un tumulto de gente en silencio, mirándolo con los ojos muy abiertos.

Sintió miedo. De repente, tomó consciencia de su desnudez. Pero también de que sentía frío, sed y hambre, dolor en las articulaciones, en el pecho, de que una angustia vital se apoderaba de él. La certeza de seguridad se había esfumado, la felicidad, la paz interior ¡desaparecidas!. La muchedumbre aumentaba a su alrededor y cerraba más y más el círculo hasta que cayó de rodillas, llorando, abrazándose a sí mismo aterrorizado, confuso. Y se dio cuenta de que estaba experimentando la peor de las situaciones: Había sido... descubierto.


La Albufera de Valencia

Cambios estelares, 
tormentas de fuego, 
hielo azul, 
espadas verdemar al viento, 
senderos de caldera y misterio, 
reflejos de plata, 
magma ondulando, 
flotas aladas de luceros, 
palmípedos de lluvia y nácar, 
flechas doradas en el pecho, 
estelas en el agua, 
barcas en bata de cola,
refugio, ensueño, esencia, 
almas sonámbulas y olvidadas, 
algodones furiosos destilando nostalgia, 
brisa de lágrimas, 
chillidos juguetones en el cielo...

La Albufera.

De Valencia.



De copas


Todo el mundo lo sabía, por eso el bar nunca pasaba de moda. Estaba en el conocimiento de cualquiera, que en ese antro no todo el que entraba salía. Ni necesariamente, todo el que salía de él había entrado.



El destierro del gigante

Era un pueblo atípico. Vivían en paz y armonía criando ganado, cultivando la tierra. Creían que los dioses les protegían de las continuas guerras. Solo una cosa les inquietaba: un gigante vivía pacíficamente junto al pueblo. 

Ya estaba allí antes de que el valiente primer aldeano se atreviera a levantar su cabaña en el valle. Ahora en la aldea convivían 932 almas, y el gigante sobraba. En asamblea plenaria decidieron expulsarlo. El gigante, a regañadientes, cogió sus bártulos y se marchó. Los aldeanos celebraron con un gran festejo el destierro del coloso. 

A la semana siguiente, decenas de mercenarios incendiaron la aldea, violaron y mataron hasta que solo quedó un montón de cenizas humeantes.


Estampida

Ocurrió la noche más negra que había visto jamás. El cielo era como petróleo que caía a goterones sobre la ciudad y le resbalaba por los hombros hasta las manos. Se las miro perplejo. No era petróleo. Era sangre.

Volvió a taponar la herida del estómago y se arrastró hasta una placita sin luz.

Se sentó apoyándose en una jacaranda resoplando de dolor.

No debió ir. No debió amenazar de nuevo a su mujer con matarla. 
¡No lo decía en serio! Sus hijos llorando... joder, no quería hacerles llorar. Le sorprendió que ella sacara un arma. 

Bueno, este era el final. Gritó de impotencia. Una estampida de palomas batió el aire y sus aleteos le parecieron estrellas que morían ahogadas en petróleo. 

Como él.



jueves, 25 de agosto de 2016

El viajero del tiempo

Para él el tiempo era como el barro. Podía modelarlo, podía suprimir pedazos, días, años. Podía manchar sus manos de minutos oxidados. Podía añadir un siglo a otro y aplastarlos, unir puntas, nodos, pespuntear sus límites, coser las mañanas del pleistoceno a las tardes del medievo. Y estar allí, en todas partes. 

Harto de vivir amores sin amor y amar sin razones, su corazón se endureció a golpe de viaje y desarraigo. Hasta que tomó una lúcida decisión. Haría un viaje iniciático al Big Bang.



Nacidos de la tierra

Somos 
una nueva generación.
Una generación 
nacida de la tierra.
Nuestras raíces
se hunden profundas
en las entrañas del mundo.

Somos 
la esencia que te anima,
los sueños que sueñas,
el anhelo que esperas.
Una generación
sin precedentes,
sin lastres,
sin culpas 
ni remordimientos.

Y en nuestras manos
omnipotentes,
palpita el germen del futuro,
las semillas 
de la vida que vendrá.