Bien ve ni dooooooooooossssssssssssss

Bienvenidos a mi blog. Todas las imágenes y los textos del blog son de mi única y absoluta autoría para el disfrute de quien sepa apreciarlo.

(Para quienes sólo quieran ver mis obras pictóricas, las encontraréis aquí http://raultamaritmartinez.blogspot.com.es/ )


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viernes, 8 de noviembre de 2019

45 minutos

45 minutos-21x29,7cm-Dibujo pastel blanco
(inspirado en fotografía de Brassai)
Eligieron aquella esquina de la calle para citarse porque fue ahí donde sus manos se reconocieron en la intención de tocar las mismas flores. Justo donde ahora, el destino se retuerce entre las sombras y la luz se escabulle por las grietas de aquella amarga noche.
Viviane se estremece mientras espera a Laura. Oye pasos al fondo de la calle y observa con nerviosismo, pero el eco desaparece. Cuarenta y cinco minutos. Aparecerá. Le prometió que vendría. Aún le quedaba una oportunidad. Da una calada al cigarrillo y echa la cabeza atrás. Ve un reflejo en los límites del cielo que sobresale de la miseria.
Laura aparece tras ella, silenciosa como una voluta de bruma. Se miran atentamente a los ojos. Apenas reconocen en ellos a las personas que eran cuando se conocieron.
Laura toca con delicadeza la mano de Viviane hasta que la suelta abruptamente. No quería mostrar debilidad. Debían despedirse para siempre. Pero Viviane la arrastró hasta la zona en sombra y la besó con desesperación. Laura la apartó:
-¡Basta! -Sacó un espejito del bolso y se limpió los rastros de pintalabios con un pañuelo. Viviane sollozaba.- Ni se te ocurra aparecer de nuevo en mi vida. -se ajustó el sombrero y echó a andar a toda prisa calle arriba sin mirar atrás.
Viviane, apoyada en la persiana de la floristería, logró recomponerse. La frustración la consumía. Guardaba una ínfima esperanza de que Laura reconsiderara su decisión de casarse con aquél hombre rudo pero adinerado, a pesar de que le provocaba asco.
Respiró profundamente antes de arrastrar los pies calle abajo. Sus hijos y su marido estarían preocupados por ella. Al menos, le quedaba eso. El amor de su familia. Aunque esa noche, sin la más mínima duda, los habría sacrificado sin parpadear a los pies de su amada.





domingo, 10 de junio de 2018

Cinco cigarrillos

Receso - 29,7x21cm - pastel blanco sobre papel negro
(inspirado en una escena de la serie Homeland)
Había dejado de fumar hacía muchos años. Sin embargo, cuando Antonio tomó la decisión, reservó un paquete de cartón con cinco cigarrillos. Uno por cada persona que le importaba en el mundo.

Cuando uno de ellos fallecía, buscaba el momento y lugar adecuado, y se fumaba el cigarrillo como un ritual en el que cada calada se proponía despertar uno de los momentos que le unieron al ausente. Entrecerraba los ojos, entretenía el humo en la boca antes de jalarlo a los pulmones y lo mantenía en ellos por unos segundos, hasta que el picor le forzaba a expulsarlo junto con los recuerdos que se deshilaban como espuma de azúcar en la penumbra.

En aquella espléndida noche de media luna, le llegó el turno al último cigarrillo. Y en esta ocasión no le embargaba el dolor, o la pena, no había congoja ni lágrimas vergonzosas tiritando en los ojos.

Esa noche se subió a la terraza del edificio para mirar cara a cara a las estrellas. Envuelto por las sombras, sacó el solitario cigarrillo con la parsimonia de una ofrenda. Ese cigarro estaba destinado a él mismo, en la antesala de su muerte. Ya no le quedaba nadie que le importara. Así que, lo encendió, lo chupó con intensidad hasta que le salió humo por las orejas, arrancó a toser, y cuando se calmó miró la boquilla que le señalaba el camino del fin. Se acercó al pretil de la terraza y miró hacia abajo, al abismo. Veinte pisos le separaban de los otros cuatro homenajeados.

Tenía una pierna levantada y el pie apoyado en el muro, cuando se abrió la puerta metálica del terrado y un haz de luz le iluminó dejándole expuesto. Una mujer despampanante surgió de ese resplandor. Con un barreño de ropa apoyado en la cadera, se dirigió al tendedero más cercano a Antonio, se agachó dejando la lavada en el suelo, se incorporó y vio a Antonio mirándola con la boca abierta. Ella le sonrió y le dijo con cierto coqueteo:

-Buenas noches.

Antonio recogió con discreción su pierna encaramada, se ajustó el cuello de la camisa y le dedicó a aquella desconocida su mejor sonrisa.

El cigarrillo se había consumido, la decisión estaba tomada y solo quedaba ejecutarla.

Pero no sería hoy.


lunes, 30 de abril de 2018

Faros en la noche

Cuando el héroe llega justo a tiempo para salvar a la inocente víctima de entre las garras del malvado asesino, no tiene precio.



Raul Tamarit Martínez - Faros en la noche - ilustración digital

sábado, 28 de abril de 2018

Luna llena

Fue entonces cuando lo recordé, mientras miraba la luna llena moverse por el cielo en aquella noche atónita.
Recordé el sabor del caramelo carmesí que se despegaba de tus labios mientras te besaba a cámara lenta, aquella manzana de azúcar pegajosa de un rojo intenso y brillante que endulzaba mi universo y me estallaba en el pecho.
Recordé tus ojitos de cristales irisados de amor, bañándose en mis pupilas. Y el discreto tránsito de la luna me llevó de estos a otros recuerdos, por caprichos de la mente, con la indolencia de un niño que, jugando a la rayuela, no repara en la hormiga que mata, o en la infancia que muere a cada paso, a cada abrazo, a cada te amo o con cada desengaño.
Recordé luz de faros sobre el mar deslumbrando a la diosa de la noche, destellos de nuestros cuerpos entre las crestas de las olas, sumergidos o emergiendo como peces voladores que cruzan sus alas en pleno vuelo y caen silbando entre suspiros.
Luego, la luz rutilante y fría del sempiterno espía muestra su rotunda frescura, en un deambular de caracol perdido en la soledad de la noche estelar.

Raúl Tamarit Martínez - Luna llena - 29,7x21cm - lapices

martes, 13 de junio de 2017

CULPABLE

Se detuvo de repente en plena noche. Miró las líneas de luz reflejada que se proyectaban sobre las baldosas y creyó ver un camino, una autopista ofrecida por el destino hacia la verdad. Y por primera vez en su vida lo vio claro. Apretó las mandíbulas y tragó saliva. La culpabilidad le dejó un regusto amargo. Volvería sobre sus pasos y admitiría que estaba equivocado. El después, aún no estaba escrito.


Culpable - ilustración digital

EN MI SUEÑO

En mi sueño veo que es de noche, veo una hoguera en medio de la nada, con maderas al rojo vivo. Veo sus llamas lamiendo la oscuridad. Y la brisa, la veo en las fluctuaciones del fuego, en la intensidad de la luz. Y veo chispas que salen disparadas, y pavesas girando en el aire, sin control. Y el viento seguía soplando, pasando de largo, alejándose.
En mi sueño sentía que, en realidad, el fuego era yo, consumiéndome en medio de la nada, al ritmo cambiante de la brisa que, en realidad, eras tú.
Al despertar, me encontré con tu mirada de nube azul, y una lluvia de amapolas me cayó de tu boca, y me dormí de nuevo, arrebujado en tus brazos, y soñé que volvía a ser fuego, y que tú eras la hoguera, la noche, la brisa, la tierra. Que tú, lo eras todo.
Lejos del fuego - ilustración digital

viernes, 14 de abril de 2017

ADVENIMIENTO

Ocurrió en la noche de primavera del año 0.

La lluvia iluminó la noche y entre sus gotas caían engarzadas las semillas doradas que les dió de comer durante 600 generaciones.

Cada aniversario, todo el pueblo esperaba, mirando al cielo, que se repitiera el milagro y que otro regalo les hiciera aún más felices.

Aquél aniversario se palpaba en el aire la certidumbre de que algo especial iba a ocurrir. Así que todas las miradas, todos los rostros se alineaban hacia la bóveda celeste, con la boca entreabierta, los manos entrelazadas y la respiración tensa en la garganta.

Se quedaron toda la noche esperando. Algunos empezaron a irse temprano y el goteo no cesó hasta que solo quedaron Asfon y Grugen en la explanada adornada de flores. Agotados, con la nuca dolorida, pero rebosantes de fe. 

El alba asomaba tímidamente sus deditos amarillos. 

Contenidas en los párpados, las lágrimas rodaron por sus mejillas. Ellos eran los únicos que tenían la suficiente fe como para darse cuenta de que el milagro se había obrado una vez más: como cada día, el sol se elevaba sobre las montañas e irisaba la mies que rodeaba por completo la aldea, como un manto áureo de amor y vida.


Advenimiento - ilustración digital

viernes, 17 de marzo de 2017

Hay ocasiones

Hay ocasiones en las que busco el vacío, en las que necesito arrasar la mesa y dejarla completamente limpia para centrarme y empezar de cero. Borrar con ansiedad la pizarra atestada hasta el límite de anotaciones, fórmulas, tópicos, máximas, chistes, improperios y al fin observarla despejada.

Hay ocasiones en las que anhelo pasear de noche sin rumbo por la ciudad, perderme en un bosque tupido en el que no haya nada conocido, sentarme durante un tiempo sin tiempo en un banco de piedra frente al océano con las manos en los bolsillos y las piernas estiradas y un pie sobre otro pie y la visera de la gorra tapándome las ideas, las fantasías, los recuerdos que me devuelven el dolor.

Hay ocasiones en las que no quiero más que tumbarme en la hierba sin otra cosa de la que preocuparme que estar bien, sentir el frescor de la brisa o el sol bailando sobre mi cara.

Y no por eso todo. Ni nada. Ni nunca. Ni ahora.

Y no por eso tú, ni yo, ni ayer.

Y no por eso, mañana.

Descanso en la hierba

viernes, 26 de agosto de 2016

Estampida

Ocurrió la noche más negra que había visto jamás. El cielo era como petróleo que caía a goterones sobre la ciudad y le resbalaba por los hombros hasta las manos. Se las miro perplejo. No era petróleo. Era sangre.

Volvió a taponar la herida del estómago y se arrastró hasta una placita sin luz.

Se sentó apoyándose en una jacaranda resoplando de dolor.

No debió ir. No debió amenazar de nuevo a su mujer con matarla. 
¡No lo decía en serio! Sus hijos llorando... joder, no quería hacerles llorar. Le sorprendió que ella sacara un arma. 

Bueno, este era el final. Gritó de impotencia. Una estampida de palomas batió el aire y sus aleteos le parecieron estrellas que morían ahogadas en petróleo. 

Como él.