Bien ve ni dooooooooooossssssssssssss

Bienvenidos a mi blog. Todas las imágenes y los textos del blog son de mi única y absoluta autoría para el disfrute de quien sepa apreciarlo.

(Para quienes sólo quieran ver mis obras pictóricas, las encontraréis aquí http://raultamaritmartinez.blogspot.com.es/ )


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sábado, 25 de mayo de 2019

Sol licuado

Descubrieron que el Sol no era sino una bola de energía que alguien o algo hacía funcionar con un mecanismo de perfecta precisión. Al igual que la luna, igual que el manto de puntitos luminosos que se desplegaba sobre sus cabezas cuando la bola solar se ocultaba en el horizonte.
Durante mucho tiempo, muchos se preguntaron el porqué la luna y el disco solar se veían del mismo tamaño en el cielo. La realidad no era como nos la contaron.
Ahora algo estaba fallando. La bola solar se derretía dejando ver alarmantes chorros incandescentes que caían más allá del mundo conocido.
Y ellos querían huir lejos, a pesar de estar convencidos de que intentar escapar de aquella incomprensible realidad no era mas que otra gran mentira.

Sol licuado-29,7x21cm-Lápiz carbón



domingo, 10 de junio de 2018

Cinco cigarrillos

Receso - 29,7x21cm - pastel blanco sobre papel negro
(inspirado en una escena de la serie Homeland)
Había dejado de fumar hacía muchos años. Sin embargo, cuando Antonio tomó la decisión, reservó un paquete de cartón con cinco cigarrillos. Uno por cada persona que le importaba en el mundo.

Cuando uno de ellos fallecía, buscaba el momento y lugar adecuado, y se fumaba el cigarrillo como un ritual en el que cada calada se proponía despertar uno de los momentos que le unieron al ausente. Entrecerraba los ojos, entretenía el humo en la boca antes de jalarlo a los pulmones y lo mantenía en ellos por unos segundos, hasta que el picor le forzaba a expulsarlo junto con los recuerdos que se deshilaban como espuma de azúcar en la penumbra.

En aquella espléndida noche de media luna, le llegó el turno al último cigarrillo. Y en esta ocasión no le embargaba el dolor, o la pena, no había congoja ni lágrimas vergonzosas tiritando en los ojos.

Esa noche se subió a la terraza del edificio para mirar cara a cara a las estrellas. Envuelto por las sombras, sacó el solitario cigarrillo con la parsimonia de una ofrenda. Ese cigarro estaba destinado a él mismo, en la antesala de su muerte. Ya no le quedaba nadie que le importara. Así que, lo encendió, lo chupó con intensidad hasta que le salió humo por las orejas, arrancó a toser, y cuando se calmó miró la boquilla que le señalaba el camino del fin. Se acercó al pretil de la terraza y miró hacia abajo, al abismo. Veinte pisos le separaban de los otros cuatro homenajeados.

Tenía una pierna levantada y el pie apoyado en el muro, cuando se abrió la puerta metálica del terrado y un haz de luz le iluminó dejándole expuesto. Una mujer despampanante surgió de ese resplandor. Con un barreño de ropa apoyado en la cadera, se dirigió al tendedero más cercano a Antonio, se agachó dejando la lavada en el suelo, se incorporó y vio a Antonio mirándola con la boca abierta. Ella le sonrió y le dijo con cierto coqueteo:

-Buenas noches.

Antonio recogió con discreción su pierna encaramada, se ajustó el cuello de la camisa y le dedicó a aquella desconocida su mejor sonrisa.

El cigarrillo se había consumido, la decisión estaba tomada y solo quedaba ejecutarla.

Pero no sería hoy.


sábado, 28 de abril de 2018

Luna llena

Fue entonces cuando lo recordé, mientras miraba la luna llena moverse por el cielo en aquella noche atónita.
Recordé el sabor del caramelo carmesí que se despegaba de tus labios mientras te besaba a cámara lenta, aquella manzana de azúcar pegajosa de un rojo intenso y brillante que endulzaba mi universo y me estallaba en el pecho.
Recordé tus ojitos de cristales irisados de amor, bañándose en mis pupilas. Y el discreto tránsito de la luna me llevó de estos a otros recuerdos, por caprichos de la mente, con la indolencia de un niño que, jugando a la rayuela, no repara en la hormiga que mata, o en la infancia que muere a cada paso, a cada abrazo, a cada te amo o con cada desengaño.
Recordé luz de faros sobre el mar deslumbrando a la diosa de la noche, destellos de nuestros cuerpos entre las crestas de las olas, sumergidos o emergiendo como peces voladores que cruzan sus alas en pleno vuelo y caen silbando entre suspiros.
Luego, la luz rutilante y fría del sempiterno espía muestra su rotunda frescura, en un deambular de caracol perdido en la soledad de la noche estelar.

Raúl Tamarit Martínez - Luna llena - 29,7x21cm - lapices

domingo, 17 de septiembre de 2017

Regreso a Ítaca

Apenas recordaba el camino de vuelta a casa.
Las experiencias vividas adormecían su memoria y le atribulaban el alma. Pero si algún recuerdo no parecía desvanecerse, ese era el de su tierna y amada Elisabeta. Mucho antes de que Ulises se perdiera en los procelosos mares del mundo, él ya llevaba una eternidad regresando a Ítaca.

Regreso a Ítaca - 29,7x21cm - Pastel sobre papel Canson negro