Bien ve ni dooooooooooossssssssssssss

Bienvenidos a mi blog. Todas las imágenes y los textos del blog son de mi única y absoluta autoría para el disfrute de quien sepa apreciarlo.

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viernes, 8 de noviembre de 2019

Provocación

La luz del atardecer caía como niebla dorada sobre tu rostro, tus ojos brillaron en la penumbra y con un gesto lleno de sensualidad miraste a un lado, permitiéndome gozar de la contemplación pausada, premeditada, de la curva de tu cuello, de la línea fina de tu rostro que se ensortijaba en el pequeño lóbulo de la oreja.
Provocación-21x29,7cm-pastel sobre papel Canson negro
Me regodeé observando tu boca entreabierta en la semioscuridad, que movías como si quisieras atrapar sin dañar las alas de una mariposa.
Tu garganta, suave, como la ladera blanca que baja hasta la playa que desaparece en un mar proceloso y salvaje.
Relajas la barbilla y refulge tu pelo bajo un rayo de luz moribundo. Y en ese embelesamiento estaba, cuando volviste la cara hacia mí mordiéndote los labios, para mirarme.




Se acabaron los días de jugar... (poema)

Se acabaron los días de jugar a la pelota, al sambori,
al tres en raya.
Se acabaron los sueños de piratas y astronautas,
las hogueras en el campo, los partidos de fútbol y las tabas,
los tirachinas, las carreras, la escabechina en los huertos,
las fresas aplastadas, las peras arrancadas y perdidas
en huida por veredas y caminos.
Se acabó mirar atrás y no encontrar nada.
Se acabó el escondite, los toques furtivos, los besos robados,
las caricias miedosas y las mejillas arreboladas.
Se acabó el confesarse, la música rayada,
el misterio bajo las faldas,
las noches manchadas, las risas en las ventanas,
la ropa colgada al sol de la mañana.
Se acabaron los descubrimientos, las sorpresas,
las batallas de almohadas,
los encierros en el baño, las furtivas escapadas,
las tardes de verano que quemaban,
las lentas manecillas de la hora que nunca sonaba.
Se acabó el llegar de madrugada,
las noches en blanco con la sangre alterada,
el sentido de las cosas y el de las palabras.
Se acabaron las lágrimas calientes, las mascotas rechazadas,
los amigos difíciles y las amigas de fuego y espada.
Se acabó agachar las orejas,
la vara golpeando en las manos, en las uñas y en la cara.
Se acabaron las bofetadas, las bromas malintencionadas,
los test inútiles y las payasadas.
Se acabaron los sabores de la infancia,
el rubor en las mejillas, las pequeñas injusticias
y lo que he olvidado olvidar de toda la vida ya pasada.
Se acabó lo que se daba.


RaulTamaritM-PaseoPorElBosque-68x48cm-acuarela

El semáforo

Semáforo rojo - fotografía
Iba acelerado, como siempre, de un lado para otro, sin detenerme a observar mi entorno, enfocando mi mente en lo próximo que tenía que hacer, al sitio que tenía que ir y, con la respiración agitada, me dije: "Para, detente".
La noche ya había arrojado su manto sobre la ciudad.
Me acerqué al tronco de un frondoso árbol y respiré profundamente. Los faros de los coches iluminaban el asfalto. A mi lado, el soporte gris del semáforo. Casualmente tenía justo delante, en medio del pedacito de cielo que podía ver entre los edificios, a la luna. Brillando, probablemente ignorada por la mayoría de nosotros, acostumbrados a mirar al frente o abajo.
De pronto, la luz verde del semáforo a la que no presté atención, se volvió roja, e iluminó las ramas del árbol en el que estaba apoyado. Se encendió de repente, o más bien, se incendió en mis ojos. Pasó de estar en un plano invisible a mostrarse en toda su intensidad. Todo a mi alrededor empezaba a aparecer, a concretarse, a gritarle a mi consciente: "Estamos aquí, somos reales". Vi a otras personas cruzando la calle mirando al frente o abajo. Alguien me vio apoyado, quieto, mirando hacia arriba y se giró curioso. Pero no se detuvo y clavó la vista de nuevo al suelo.
Miré la hora en el móvil. Se me hacía tarde. Me puse otra vez en camino y desapareció la luz roja de las hojas, la luz amarilla de las farolas, los reflejos en el asfalto. Volvió la fatiga a mis pulmones, y cuando volví a enfocarme en las apremiantes tareas de costumbre, también desapareció la luna.

Semáforo rojo - fotografía que hice el pasado 15-10-2018 a las 20:39


La señal de la cruz

Drac sufría dolores de cabeza tan intensos que le quitaban el sueño durante el día y le aturdían toda la noche.
Andaba por las aceras del centro de la ciudad en busca de un cuello que llevarse a la boca, sin reflejarse en los escaparates de los comercios, ni en los charcos que como bandejas de plata se repartían sobre el asfalto.
Se había acostumbrado a no verse en los espejos, ni haciendo el pino en el lado cóncavo de las cucharas. Por eso no podía descubrir la causa de sus jaquecas: una pequeña herida en forma de cruz, cicatrizada en su frente.
RaulTamaritM-La señal de la cruz
Intentó enfocar a su próxima víctima, que cruzaba despreocupadamente la calle hacia él. Pero le fue imposible. Se apretó las sienes hasta que sintió crujir los parietales.
Cuando el hombre pasó junto a él, le agarró del pelo y lo tiró al suelo. Éste intentó defenderse pero Drac lo tenía bien trabado. Le descubrió la yugular y justo cuando iba a hincarle el diente, el dolor le dio una punzada brutal y se desplomó sobre la acera. Circunstancia que aprovechó su potencial víctima para huir despavorido.
A Drac le ardía la frente. Esto acabaría con él donde fracasaron legiones de enemigos en sus dos mil años de existencia.
Se incorporó con rabia, se ajustó el sobretodo con cierto amaneramiento y giró la cabeza en dirección al escaparate de ropa que parpadeaba a su derecha. Advirtió con sorpresa un leve reflejo de sí mismo que empezaba a materializarse en el cristal y eso le asustó.
Se acercó hasta ver con claridad la herida, que formaba una espantosa cruz. Descubrió la señal de Caín marcada en su frente, y millones de recuerdos se desbordaron: vio los ojos llorosos de su madre cuando lo trajo al mundo, sintió el amor de su padre, la felicidad de su niñez, la angustia de su adolescencia, la serenidad de su juventud. Vio su propia muerte y su resurrección... y todo en un segundo eterno.
Sacó las uñas y se arrancó la piel hasta hacer desaparecer el odiado símbolo. Y enseguida, su imagen en el cristal se desvaneció como la bruma, junto con el dolor.
Drac dejó escapar un suspiro de alivio. Recompuso su aspecto, sonrió sardónicamente y se perdió en los callejones más oscuros recitando en voz alta sus versos favoritos de Las Astánides de Pizclo, cuando el héroe se levanta con vida de entre las fauces vencidas del Monstruo Tricapor, en un campo atestado de guerreros despedazados, una sinuosa niebla y recortado por una gran luna roja, levanta su espada y murmura al viento:
"Vino la Muerte y me marcó la frente,
pero las diosas del destino
me mostraron el camino
del nuevo rostro de mi suerte.
¡Vivo! ¡Sigo vivo y más fuerte!
¡Limpio mi honor y mi estirpe
con la sangre de tus entrañas!
Y aunque rujan las alimañas,
mis manos jamás temblarán.
Queden los tiranos por siempre
empujados por mi espada
¡hasta las Puertas de la Muerte!"
Y Drac siguió declamando, abrigo al aire, hasta ser deglutido por la garganta de la Gran Ciudad.





Esta hoja que tengo en mis manos... (poema)

Esta hoja que tengo en mis manos,
tan fresca, tan tersa, tan verde,
algún día se verá marchita,
algún día se deshará en trozos secos y duros,
algún día desaparecerá entre otros mínimos pedazos
de cosas que alguna vez fueron hermosas.
Recogimiento - 29,7x21cm-pastel blanco y negro
Tú, mi amigo, mi perro fiel,
que me miras esperando una caricia,
que confías en que mi amor nunca lo perderás,
algún día te harás viejo,
algún día tus piernas temblarán
y no podrás caminar a mi lado,
algún día dejarás de respirar y morirás
como lo hacen todos los seres
que alguna vez fueron amados.
Estas manos, este cuerpo,
estas heridas que recorren mi piel y respiran,
que escriben el pasado sin rencor,
que miran de frente al porvenir,
este aliento, esta pasión de vivir,
este inmenso deseo de amar que me ilumina,
algún día se apagará,
algún día se reunirá con los seres,
con las cosas hermosas que compartí en vida
y que apenas dejarán huella en los caminos
que se cubren de hojas marchitas
y de seres de luz que me lamen la mano
y me miran con ojos bordados de estrellas.
Y seremos agua, árboles,
y seremos lágrimas, viento,
y seremos niños, sonriendo,
y seremos fuego y calma y niebla,
y seremos tú lo mismo que yo,
placer y dolor, ternura y amor infinito...
o no seremos nada.




Aquí quisiste, madre, (poema)

Barca amarrada-29,7x21cm-tinta, lápiz carbón y pastel 
Aquí quisiste, madre,
que pasara mi vida,
atado a esta barca,
sin agua para navegar.

Aquí deseaste, madre,
que muriera,
amarrado a otra mujer triste
que me alejara del mar.

Aquí, madre, me añorabas,
¡ay, a tu hijo!,
que destrozó la barca
en la que nadie remará jamás.


Quiebra tu voz... (poema)

RaulTamaritM-Pudor-29,7x21cm-pastel
Quiebra tu voz el cántico de la noche
que revierte, que convierte, que amenaza,
que dicta la caza de tu cuerpo y tu mirada,
la sorpresa anuente de viejas pasiones.

Se quiebra la voz en tu garganta de rosa
esparciendo poderosa anhelos y miedos
que se confunden en los engarces de tu ropa.

Rocío de crepúsculo los sueños que sueñas,
y lo extiendo hasta los límites profundos
de aquella playa lejana de blanca arena
donde tu pelo y tu risa quedaron enredados
en las húmedas huellas de tu soledad serena.

Nunca fuiste la primera luz,
ni la última estrella,
sino aquella tímida lucerna que destella
en las tinieblas destempladas de mis venas,
donde te has hecho la dueña,
la primera de muchas que,
queriendo romperme el alma,
hicieron que mi arduo camino
valiera la pena.