Recorriendo las calles envueltas en las penumbras de la noche, el eco de los pasos se perdía entre esquinas, apenas iluminadas por las farolas cansadas de ahuyentar sombras. Las que, agazapadas en los portales oscuros, nos observan pasar, sin decir nada, con la frialdad de una presencia que no perteneciera a este mundo.
Bien ve ni dooooooooooossssssssssssss
Bienvenidos a mi blog. Todas las imágenes y los textos del blog son de mi única y absoluta autoría para el disfrute de quien sepa apreciarlo.
(Para quienes sólo quieran ver mis obras pictóricas, las encontraréis aquí http://raultamaritmartinez.blogspot.com.es/ )
jueves, 27 de septiembre de 2012
sábado, 9 de junio de 2012
Las cuatro cartas
El paseo entre los frondosos árboles que guardaban las
quietas aguas del estanque empezó expectante mientras bailaban nerviosamente
entre sus manos las cuatro cartas recibidas desde la capital.
Las palmas de las manos empezaron a sudarle y su pecho se agitaba rápidamente lleno de ansiedad.
Roberto”
Roberto.
La abrió. Y cuando acabó de leerla rompió a llorar. Y al instante reía como una loca y volvía a llorar y a reír, hasta que al fin se calmó y caminó lentamente, con la mirada perdida. Ya en la orilla del lago, dejó caer las cuatro cartas, que se empaparon y hundieron en sus aguas.
-Joderrr, ¿no nos vas a dejar sin saber lo que contiene la cuarta carta, no?
-Está bien, quería que fuera un misterio para que cada cual imaginase su contenido y porqué le había afectado de esa forma a Laura. Pero vale, aunque me temo que os va a decepcionar. Es una carta de mierda. Ahí va:
“Amado Luis Rodolfo: eres un cabronazo, me tienes desesperado todo el día. No me llamas, no sé nada de ti desde hace una semana. Sé que quieres castigarme con tu indiferencia. Ya te he conseguido dinero, y pronto te mandaré más. No puedo soportarlo, quiero irme a vivir contigo, quiero dejar de aguantar al mafioso de mi padre, a la puta de mi madre y a esa ama de llaves que me la tiene jurada desde que la vi guarreando con mi viejo. Cuando le ordeno cualquier cosa, como llevar alguna carta a correos me mira con un odio enfermizo. ¡Es diabólica! Te lo suplico Luisito, llévame contigo, ¡sálvame!
Tu Robi”
jajaja, ¡os lo dije o no os lo dije! ¡Pues ahí la tenéis! Pero a mí, lo que más me gusta es la pintura digital y los caretos que se perciben camuflados entre la vegetación alrededor de Laura.
Las palmas de las manos empezaron a sudarle y su pecho se agitaba rápidamente lleno de ansiedad.
Abrió la primera carta con torpeza y dejó caer el sobre
amarillo que se confundió enseguida con las margaritas.
“Querida Laura, soy el
hombre más feliz el mundo. Bendito sea el día en que tus padres invitaron a los
míos a vuestra casa de campo. Pude conocerte, y desde ese momento no paro de
pensar en ti. Pienso en todos los momentos que compartimos. Aquella primera cena en familia donde
descubrí tu radiante hermosura. Esa
delicada manera que tienes de coger los cubiertos y llevarte la comida a los
labios. Esa forma de mirar que me hacía temblar como hoja al viento. Fueron días inolvidables. Espero que volvamos a
reunirnos pronto y disfrutar así nuevamente de tu compañía.
Enteramente tuyo.
Roberto”
Laura suspiró mirando al cielo azul. Sonriendo abrió precipitadamente
la segunda carta. El sobre de color rosa cayó balanceándose hasta el camino:
“Adorada mamá: al
mismo tiempo que ésta le he pedido a nuestra ama de llaves que haga llegar una
carta a Laura agradeciéndole la hospitalidad de que hicieron gala con nosotros
ella y sus padres. Espero que por fin te
calmes y me dejes tranquilo. He hecho todo lo que me has pedido, he sido amable
con ella, a veces hasta demasiado, pero no puedo evitarlo: me da asco. Es una
niña repipi, consentida, aburrida y todavía sueña con que llegará su príncipe
azul algún día jajaja y por los ojillos que me pone estoy seguro de que piensa que soy yo. Pero como no la secuestre
un pitufo montado en una cabra…
Vuelve pronto mamá, te
echo mucho de menos. Mi cama es un témpano sin tu cuerpo a mi lado.
Tu hijo que te
necesita.Roberto”
Laura releyó el texto una y otra vez sin dar crédito a su
contenido. Se ruborizó hasta la raíz del pelo y unas lágrimas de rabia se
adivinaban a punto de estallar en sus ojos.
Ya sin tanta prisa, más bien con la cautela con la que se
desactiva una bomba, abrió la tercera carta. El sobre era otra vez amarillo:
“Inolvidable Laura: no
he podido substraerme a la necesidad de volverte a escribir cuando la primera
carta aún esta batiendo sus alas hacia tu casa. Nunca había sentido tanta dicha
con ningún ser humano como la que he sentido contigo. Los besos que nos dimos escondidos
tras la cortina de la biblioteca de tu padre encendieron mi cuerpo como un
árbol de Navidad. El brillo húmedo de tus ojos, tan cerca de los míos, se me
antojaron estrellas queriendo hacerse sitio en la noche más oscura. Iluminaste
mi alma y prendiste fuego a mis sentidos. En aquel preciso momento supe que te
quería, que quería morir a tu lado, que murieses tú al mío, lo mismo daba. Para
entonces, te aseguro que ya te habría devuelto esa pequeña cantidad de dinero
que me has prestado. Y con creces. Adoro tus rizos dorados, tus manos hechas de
lirios blancos entretejidos. Y aunque sé que no es el momento más apropiado,
necesito que me consigas un poco más de dinero. Tú y yo sabemos que lo que
importa es el amor que nos tenemos y la felicidad que sentimos al estar juntos.
Pero lo necesito para un proyecto que te sorprenderá.
Mi querida Laura, no
veo el día de poder estar de nuevo unidos, como aquella noche en el jardín. Por
cierto, ¿se te fueron las manchas del vestido?Roberto.
PD: con que me mandes
una cantidad similar a la anterior creo que me servirá.”
¿Y ahora esto? El desconcierto de Laura aumentaba
exponencialmente. La cuarta carta le temblaba en las manos. El sobre era blanco
y el perfume que emanaba le aturdió por un instante.La abrió. Y cuando acabó de leerla rompió a llorar. Y al instante reía como una loca y volvía a llorar y a reír, hasta que al fin se calmó y caminó lentamente, con la mirada perdida. Ya en la orilla del lago, dejó caer las cuatro cartas, que se empaparon y hundieron en sus aguas.
-Joderrr, ¿no nos vas a dejar sin saber lo que contiene la cuarta carta, no?
-Está bien, quería que fuera un misterio para que cada cual imaginase su contenido y porqué le había afectado de esa forma a Laura. Pero vale, aunque me temo que os va a decepcionar. Es una carta de mierda. Ahí va:
“Amado Luis Rodolfo: eres un cabronazo, me tienes desesperado todo el día. No me llamas, no sé nada de ti desde hace una semana. Sé que quieres castigarme con tu indiferencia. Ya te he conseguido dinero, y pronto te mandaré más. No puedo soportarlo, quiero irme a vivir contigo, quiero dejar de aguantar al mafioso de mi padre, a la puta de mi madre y a esa ama de llaves que me la tiene jurada desde que la vi guarreando con mi viejo. Cuando le ordeno cualquier cosa, como llevar alguna carta a correos me mira con un odio enfermizo. ¡Es diabólica! Te lo suplico Luisito, llévame contigo, ¡sálvame!
Me muero por tus
cartílagos.
El amor de tu vida.Tu Robi”
jajaja, ¡os lo dije o no os lo dije! ¡Pues ahí la tenéis! Pero a mí, lo que más me gusta es la pintura digital y los caretos que se perciben camuflados entre la vegetación alrededor de Laura.
lunes, 19 de marzo de 2012
El hombre que espera
Un hombre está de pie, rígido en la orilla de la playa, en plena noche, mientras observa a lo lejos cómo arde la ciudad.
Alrededor de él, un espacio desolado, con restos abandonados en la arena, quizás de barcas desvencijadas.
Las gaviotas se desplazan contra su voluntad movidas por una amenaza que no comprenden. El ambiente es pesado, agobiante.
Mantiene las manos en los bolsillos de su gabardina. Se inclina un poco hacia adelante, como si acabara de observar algo en la distancia que le interesa. Sigue expectante, en silencio. No hay nadie a su lado con quien compartir su preocupación. Pero no importa. Las llamas lejanas revolotean en sus pupilas y le hacen ver fantasmas creándose y destruyéndose en su alocado ascenso hacia el cielo. Una repentina brisa le mete el frio por el cuello de la camisa y le sacude el cuerpo, que tiembla como una rama mojada en un ciclón. Y de nuevo la calma. Parece vencido, y hace un gesto de retorno. Gira la cara. El dolor araña su frente y hunde la mirada en la arena. De repente un chisporroteo lejano le devuelve al hueco creado por la larga espera (hueco en el espacio, hueco en el tiempo). Las gaviotas graznan riéndose de él, las costillas roídas de las barcas muertas parecen grandes bocas que amenazan con devorarle vivo. O casi.
¿Debe seguir allí? ¿Ha de emprender el largo viaje a lo desconocido sólo? De su presente derrumbado no ha quedado nada. Ningún superviviente, ningún rehén. Sin embargo, aún no está todo perdido, seguirá esperando un poco más. Pero también, un poco menos.
Alrededor de él, un espacio desolado, con restos abandonados en la arena, quizás de barcas desvencijadas.
Las gaviotas se desplazan contra su voluntad movidas por una amenaza que no comprenden. El ambiente es pesado, agobiante.
Mantiene las manos en los bolsillos de su gabardina. Se inclina un poco hacia adelante, como si acabara de observar algo en la distancia que le interesa. Sigue expectante, en silencio. No hay nadie a su lado con quien compartir su preocupación. Pero no importa. Las llamas lejanas revolotean en sus pupilas y le hacen ver fantasmas creándose y destruyéndose en su alocado ascenso hacia el cielo. Una repentina brisa le mete el frio por el cuello de la camisa y le sacude el cuerpo, que tiembla como una rama mojada en un ciclón. Y de nuevo la calma. Parece vencido, y hace un gesto de retorno. Gira la cara. El dolor araña su frente y hunde la mirada en la arena. De repente un chisporroteo lejano le devuelve al hueco creado por la larga espera (hueco en el espacio, hueco en el tiempo). Las gaviotas graznan riéndose de él, las costillas roídas de las barcas muertas parecen grandes bocas que amenazan con devorarle vivo. O casi.
¿Debe seguir allí? ¿Ha de emprender el largo viaje a lo desconocido sólo? De su presente derrumbado no ha quedado nada. Ningún superviviente, ningún rehén. Sin embargo, aún no está todo perdido, seguirá esperando un poco más. Pero también, un poco menos.
domingo, 27 de noviembre de 2011
sábado, 26 de noviembre de 2011
El sireno enamorado
En el agua, junto a unos arrecifes, mientras se bañaba, ella le vio bajo el agua. Un sireno espléndido, el sol refulgiendo en sus húmedas escamas.
Un día, ella le convenció con gestos de que saliera del agua. Lo cogió de la mano y lo adentró en la arena pedregosa de una solitaria cala.
El color dorado de sus cabellos y esos ojos grises y profundos la enamoraron instantáneamente.
El también se enamoró y muchos días nadaron juntos en las aguas frías de la costa.
Un día, ella le convenció con gestos de que saliera del agua. Lo cogió de la mano y lo adentró en la arena pedregosa de una solitaria cala.
Al llegar a un rincón acogedor él la miró un instante y lentamente cerró los ojos, abriendo y cerrando espasmódicamente las hendidas membranas del cuello.
Cuando hubo muerto asfixiado, ella acarició tiernamente su piel azul, su sexo de color verde esmeralda y después de posar un beso húmedo en su boca salada, con un cuchillo separó de los hombros la cabeza reclinada en su regazo. Arrastró el cuerpo al mar y le dijo adiós moviendo dulcemente los dedos de la mano.
En un bolso marrón con empedradura multicolor introdujo la cabeza agarrándola por los rizos dorados, sonrió y anduvo alegremente hasta su casa junto al acantilado, donde le aguardaba su magnífica colección de cabezas azules.
P.D.: Como podéis comprobar la imagen es para despistar jajaja.
El largo camino
Veo un camino que se pierde en el horizonte, justo donde cae herido el sol cada tarde. Y mis pies están recorriéndolo en solitario.
Detrás, he dejado partes de mí, aquí y allá. Esparcidas como hojas marchitas.
Miro mis manos y contemplo su vacío. No hay agua en sus palmas, no hay otras manos.
El viento me toca con sus fríos dedos la cara, y me arranca lágrimas muertas que ruedan huecas hasta mi boca.
Todo empezará de nuevo cuando dé un paso.
Tú contemplarás mi adiós en silencio. Tu rumbo… ya no coincide con el mío. Éste que andábamos juntos y que ya no compartes. Has roto tu amor por mí. Has roto mi amor por ti.
Detrás, he dejado partes de mí, aquí y allá. Esparcidas como hojas marchitas.
Miro mis manos y contemplo su vacío. No hay agua en sus palmas, no hay otras manos.
El viento me toca con sus fríos dedos la cara, y me arranca lágrimas muertas que ruedan huecas hasta mi boca.
Todo empezará de nuevo cuando dé un paso.
Todo acabará de nuevo cuando inicie otra vez el camino, solo.
¿Se puede morir de amor?, ¿se puede morir de desamor?Tú contemplarás mi adiós en silencio. Tu rumbo… ya no coincide con el mío. Éste que andábamos juntos y que ya no compartes. Has roto tu amor por mí. Has roto mi amor por ti.
Parece muy triste y solitario el camino. Una vez más.
Pero ¿quién sabe? Quizás otra tú una a los míos sus pasos y vuelva a sentirme vivo.
Otra vez.
lunes, 3 de octubre de 2011
FROZEN WINGS
Antes de que llegue la noche eterna, mientras la tibia luminosidad de los atardeceres suaviza los bordes quebradizos del hielo sobre la tierra, la dureza de los vientos del norte golpea sin descanso la rígida figura que languidece prisionera del tiempo.
Algunas estrellas refulgen en el cielo, azules, como la hueca mirada del ángel, azules como sus alas sin destino, como sus dedos, en otro tiempo trémulos extendiéndose en el aire, esperando una mano que le arranque de su destierro.
Atrás quedaron los intentos por salvarla. Era menuda, era bella. Su risa recorría como un rayo las llanuras de escarcha cuando la alegría llenaba sus entrañas. Era la hija de la luz y de la noche, la hija de las nubes y las auroras.
Y la raptó una jauría de demonios que trotaba embrutecida por el mundo.
Nunca se volvió a saber de ella. El eco de sus carcajadas infantiles flotó en los corazones de quienes la quisieron durante décadas, hasta que el olvido la cubrió con tormentas de nieve sin fin.
Sólo su ángel permanece en pié, señalando el sitio donde el cuerpecito convertido en estrellas de plata dormía su sueño eterno. Su ángel, cuya profunda tristeza le llevó a arrancarse los ojos en pago por su fracaso.
El hueco de las cuencas era el vacío que su descuido había dejado en el fondo de su corazón. Y aún sigue esperando a quien enjugue las lágrimas heladas que recorren sus mejillas.
Ahora, que no es más que un ángel sólo, herido…, la sombra de un ángel sin alma.
Gracias a la inestimable colaboración de la gran ilustradora Alicia Tamarit (mi hija, para más datos :-D) que me ha cedido el uso de su bellísima obra Frozen Wings, y que además me ha sugerido la idea para el texto que le acompaña. ¡Muchos besos, artista!
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