Bien ve ni dooooooooooossssssssssssss

Bienvenidos a mi blog a todos aquellos que anhelaron con impaciencia leerme alguna vez, seguir leyéndome si ya lo hicieron antes, ver alguna de las fotos que hago o deshago, alguno de mis dibujos o piruetas mentales (yo les llamaría "derrames"), mis pinturas al óleo, acuarelas, pasteles (uhmmm rico rico) cabroncillos, digo, carboncillos, experimentos digitales, caricaturas retratos o monstruosidades (que las habrá, no digo que no) que salgan de mi perola a través de mis manos, con la ayuda de mis ojos y a pesar de mi capacidad de raciocinio. Y, como dice una de mis numerosas sobrinas, todo esto será... pooooooooco a pooooooooooco jajuja. Por cierto, todas las imágenes y los textos de mi blog son de mi única y absoluta autoría (cuando no lo sea aviso)... y para disfrute de quien sepa apreciarlo :-D

domingo, 1 de abril de 2012

Abandonada




Aunque no le conocía de nada, aquél día sintió la necesidad de acercarse a él. Fué un gran error, aunque ella ahora, desde la distancia, no lo percibía así. Eran dos mundos opuestos. Quizás por eso le atraía tanto. Y ella fué con el tiempo haciendo pequeños y grandes sacrificios para navegar tras la estela que él iba dejando en su frenético deambular por el mundo. Alguna vez ella le alcanzaba con gran esfuerzo, le ofrecía a él su sonrisa, desde allí abajo, esperando una respuesta en su mirada, pero no hallaba más que un gesto de indiferencia, o incluso, a veces, de desprecio. El tránsito hasta su corazón se tornaba en ocasiones agónico, el camino rocoso, el polvo que levantaban sus pisadas y que ella tragaba con resignación, extenuantes. Un glorioso día, un día como no hubo otro, él dejó de mirar el horizonte y se giró para mirarla. Él pudo ver sus mejillas arreboladas, el brillo acuoso de sus ojos, y le sonrió con un gesto de extrañeza. A ella, esa sonrisa le pareció un destellante faro en plena noche. Pero sólo fue un espejismo. La luz desapareció en la inmensidad del destino que él se había marcado a sí mismo. Y ella se quedó sola. Caída en el camino, en medio de un mundo desolado, incendiado, destruido. Sola, sin identidad, con las heridas que la brutal carrera tras el hombre que amaba le había infligido. Comprendió que partes de ella no volverían a renacer de las cenizas. Y mientras tanto, el crepitar de las llamas seguiría rompiendo el nuevo silencio de su nuevo mundo.