Bien ve ni dooooooooooossssssssssssss

Bienvenidos a mi blog a todos aquellos que anhelaron con impaciencia leerme alguna vez, seguir leyéndome si ya lo hicieron antes, ver alguna de las fotos que hago o deshago, alguno de mis dibujos o piruetas mentales (yo les llamaría "derrames"), mis pinturas al óleo, acuarelas, pasteles (uhmmm rico rico) cabroncillos, digo, carboncillos, experimentos digitales, caricaturas retratos o monstruosidades (que las habrá, no digo que no) que salgan de mi perola a través de mis manos, con la ayuda de mis ojos y a pesar de mi capacidad de raciocinio. Y, como dice una de mis numerosas sobrinas, todo esto será... pooooooooco a pooooooooooco jajuja. Por cierto, todas las imágenes y los textos de mi blog son de mi única y absoluta autoría (cuando no lo sea aviso)... y para disfrute de quien sepa apreciarlo :-D

domingo, 2 de octubre de 2016

Convaleciente


Tuvo que recorrer medio mundo. Le habían avisado unos parientes. Ella se estaba muriendo y un único nombre salía entre susurros de sus labios: Javier.

Cuando bajó del autobús le estaban esperando. Le llevaron a toda prisa hasta la casa de María. En la entrada, la madre le miró de reojo con desprecio y le dió la espalda. Javier entró en la casa sin decir nada, buscando con la mirada. La hermana de María le abrió la puerta del cuarto y desde el umbral Javier sintió el corazón detenerse.

Se arrodilló junto a la cama y sujetó con dulzura su mano. Ella giró la cabeza con esfuerzo, miró a Javier y sus ojos enrojecidos parecieron transformarse en cristales. Javier sintió un ahogo atascándole la garganta.

Los primeros rayos de sol empezaban a atravesar la ventana y les iluminó débilmente. Él no pudo aguantar más y rompió a llorar justo cuando María exhaló un largo suspiro que la vació por dentro, mientras apretaba con sus últimas fuerzas la mano de Javier. Él permanecío durante mucho tiempo junto a ella rememorando los momentos felices. Pero cada vez que traía escenas de la separación a su mente, notaba que la garganta le negaba el derecho a vivir.

Cuando Javier tomó el camino de vuelta, se quedó hipnotizado por el paisaje, sintiendo que con cada árbol, con cada casa, con cada ser humano que desaparecía tras él, dejaba un jirón de su alma cosido al recuerdo de María.


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