Cuando saliste de tu cautiverio, era yo quien te esperaba.
Me abrí paso entre la bruma y te recogí la maleta.
Estabas temblando. Ni te atrevías a mirarme a los ojos.
Yo ya no recordaba cuándo te perdoné.
Tus labios estaban frios, agrietados.
Te di un beso en la frente y te cubrí los hombros.
Apenas podías andar. Tendrías que acostumbrarte.
Llorabas, aunque tus lágrimas morían
en la lluvia que golpeaba nuestras almas.
No hubo palabras cuando decidiste no acompañarme.
No pudiste soportarlo. Revivirlo.
Yo no quise insistir.
Creo que, en cierta manera, tu decisión me liberó.
Después de tantos años, de tanta oscuridad, me sentí libre.
Me fui, con tu cuerpo desdibujado por el aguacero, en la retina.
Y no volví a verte jamás. No me importa.
Ahora veo que en realidad nunca fuiste más que un sueño.
Y que al fin, puedo bajar los brazos,
doloridos, agarrotados,
y darme por vencido.
Bien ve ni dooooooooooossssssssssssss
Bienvenidos a mi blog. Todas las imágenes y los textos del blog son de mi única y absoluta autoría para el disfrute de quien sepa apreciarlo.
(Para quienes sólo quieran ver mis obras pictóricas, las encontraréis aquí http://raultamaritmartinez.blogspot.com.es/ )
sábado, 22 de diciembre de 2012
miércoles, 28 de noviembre de 2012
Morir en el mar
Siempre creí que moriría en el mar,
que las olas mecerían en sus brazos
mis sueños de ayer.
Siempre pensé que la oscuridad me cegaría,
que me quemaría los pulmones
el fuego de la espuma.
Supe desde niño, que un océano me mataría de sed.
Y que las olas,
y la espuma,
y el océano
serías tú.
Con las uñas
Con las uñas, cavé para ti una tumba.
Mis lágrimas brotaron
como flores sobre ella,
y mi tristeza de amor
sigue quemando,
cada noche que sobre mí
la bóveda celeste
se derrumba.
Pero sigo viendo tu cara de ángel,
como de niña caprichosa,
mirándome con pena infinita,
oculta tras una estrella.
El dolor
Hay una bestia en tu interior
que puebla y aterroriza tus sueños.
Hay una fiera que araña tus entrañas,
y en las noches más negras,
aplasta tu sonrisa.
Hay un dolor en ti más allá del dolor,
que únicamente su mano podría aliviar.
De nadie más.
Jamás.
Ciego amor
¡Oh ciego amor!¡Amor sin límites!
¿Cuánto castigo me infringes amparado en las sombras?
¡Oh amor ciego! ¡Amor ingrato!
¿Qué se encontrarán mis ojos
cuando no los deslumbren los tuyos?
¡Oh amor, amor! ¿Qué son estas heridas que sangran,
que gritan dolor,
ahora que no te tengo?
Corazón
El amor te puso a mis pies.
Y cuando te tenía a mi merced
y pensé que era el momento de destruirte,
ese mismo amor te salvó de mí,
volviendo grana mi negro corazón.
jueves, 27 de septiembre de 2012
Sombra en el portal
Recorriendo las calles envueltas en las penumbras de la noche, el eco de los pasos se perdía entre esquinas, apenas iluminadas por las farolas cansadas de ahuyentar sombras. Las que, agazapadas en los portales oscuros, nos observan pasar, sin decir nada, con la frialdad de una presencia que no perteneciera a este mundo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






