Bien ve ni dooooooooooossssssssssssss

Bienvenidos a mi blog. Todas las imágenes y los textos del blog son de mi única y absoluta autoría para el disfrute de quien sepa apreciarlo.

(Para quienes sólo quieran ver mis obras pictóricas, las encontraréis aquí http://raultamaritmartinez.blogspot.com.es/ )


viernes, 8 de noviembre de 2019

El semáforo

Semáforo rojo - fotografía
Iba acelerado, como siempre, de un lado para otro, sin detenerme a observar mi entorno, enfocando mi mente en lo próximo que tenía que hacer, al sitio que tenía que ir y, con la respiración agitada, me dije: "Para, detente".
La noche ya había arrojado su manto sobre la ciudad.
Me acerqué al tronco de un frondoso árbol y respiré profundamente. Los faros de los coches iluminaban el asfalto. A mi lado, el soporte gris del semáforo. Casualmente tenía justo delante, en medio del pedacito de cielo que podía ver entre los edificios, a la luna. Brillando, probablemente ignorada por la mayoría de nosotros, acostumbrados a mirar al frente o abajo.
De pronto, la luz verde del semáforo a la que no presté atención, se volvió roja, e iluminó las ramas del árbol en el que estaba apoyado. Se encendió de repente, o más bien, se incendió en mis ojos. Pasó de estar en un plano invisible a mostrarse en toda su intensidad. Todo a mi alrededor empezaba a aparecer, a concretarse, a gritarle a mi consciente: "Estamos aquí, somos reales". Vi a otras personas cruzando la calle mirando al frente o abajo. Alguien me vio apoyado, quieto, mirando hacia arriba y se giró curioso. Pero no se detuvo y clavó la vista de nuevo al suelo.
Miré la hora en el móvil. Se me hacía tarde. Me puse otra vez en camino y desapareció la luz roja de las hojas, la luz amarilla de las farolas, los reflejos en el asfalto. Volvió la fatiga a mis pulmones, y cuando volví a enfocarme en las apremiantes tareas de costumbre, también desapareció la luna.

Semáforo rojo - fotografía que hice el pasado 15-10-2018 a las 20:39


La señal de la cruz

Drac sufría dolores de cabeza tan intensos que le quitaban el sueño durante el día y le aturdían toda la noche.
Andaba por las aceras del centro de la ciudad en busca de un cuello que llevarse a la boca, sin reflejarse en los escaparates de los comercios, ni en los charcos que como bandejas de plata se repartían sobre el asfalto.
Se había acostumbrado a no verse en los espejos, ni haciendo el pino en el lado cóncavo de las cucharas. Por eso no podía descubrir la causa de sus jaquecas: una pequeña herida en forma de cruz, cicatrizada en su frente.
RaulTamaritM-La señal de la cruz
Intentó enfocar a su próxima víctima, que cruzaba despreocupadamente la calle hacia él. Pero le fue imposible. Se apretó las sienes hasta que sintió crujir los parietales.
Cuando el hombre pasó junto a él, le agarró del pelo y lo tiró al suelo. Éste intentó defenderse pero Drac lo tenía bien trabado. Le descubrió la yugular y justo cuando iba a hincarle el diente, el dolor le dio una punzada brutal y se desplomó sobre la acera. Circunstancia que aprovechó su potencial víctima para huir despavorido.
A Drac le ardía la frente. Esto acabaría con él donde fracasaron legiones de enemigos en sus dos mil años de existencia.
Se incorporó con rabia, se ajustó el sobretodo con cierto amaneramiento y giró la cabeza en dirección al escaparate de ropa que parpadeaba a su derecha. Advirtió con sorpresa un leve reflejo de sí mismo que empezaba a materializarse en el cristal y eso le asustó.
Se acercó hasta ver con claridad la herida, que formaba una espantosa cruz. Descubrió la señal de Caín marcada en su frente, y millones de recuerdos se desbordaron: vio los ojos llorosos de su madre cuando lo trajo al mundo, sintió el amor de su padre, la felicidad de su niñez, la angustia de su adolescencia, la serenidad de su juventud. Vio su propia muerte y su resurrección... y todo en un segundo eterno.
Sacó las uñas y se arrancó la piel hasta hacer desaparecer el odiado símbolo. Y enseguida, su imagen en el cristal se desvaneció como la bruma, junto con el dolor.
Drac dejó escapar un suspiro de alivio. Recompuso su aspecto, sonrió sardónicamente y se perdió en los callejones más oscuros recitando en voz alta sus versos favoritos de Las Astánides de Pizclo, cuando el héroe se levanta con vida de entre las fauces vencidas del Monstruo Tricapor, en un campo atestado de guerreros despedazados, una sinuosa niebla y recortado por una gran luna roja, levanta su espada y murmura al viento:
"Vino la Muerte y me marcó la frente,
pero las diosas del destino
me mostraron el camino
del nuevo rostro de mi suerte.
¡Vivo! ¡Sigo vivo y más fuerte!
¡Limpio mi honor y mi estirpe
con la sangre de tus entrañas!
Y aunque rujan las alimañas,
mis manos jamás temblarán.
Queden los tiranos por siempre
empujados por mi espada
¡hasta las Puertas de la Muerte!"
Y Drac siguió declamando, abrigo al aire, hasta ser deglutido por la garganta de la Gran Ciudad.





Esta hoja que tengo en mis manos... (poema)

Esta hoja que tengo en mis manos,
tan fresca, tan tersa, tan verde,
algún día se verá marchita,
algún día se deshará en trozos secos y duros,
algún día desaparecerá entre otros mínimos pedazos
de cosas que alguna vez fueron hermosas.
Recogimiento - 29,7x21cm-pastel blanco y negro
Tú, mi amigo, mi perro fiel,
que me miras esperando una caricia,
que confías en que mi amor nunca lo perderás,
algún día te harás viejo,
algún día tus piernas temblarán
y no podrás caminar a mi lado,
algún día dejarás de respirar y morirás
como lo hacen todos los seres
que alguna vez fueron amados.
Estas manos, este cuerpo,
estas heridas que recorren mi piel y respiran,
que escriben el pasado sin rencor,
que miran de frente al porvenir,
este aliento, esta pasión de vivir,
este inmenso deseo de amar que me ilumina,
algún día se apagará,
algún día se reunirá con los seres,
con las cosas hermosas que compartí en vida
y que apenas dejarán huella en los caminos
que se cubren de hojas marchitas
y de seres de luz que me lamen la mano
y me miran con ojos bordados de estrellas.
Y seremos agua, árboles,
y seremos lágrimas, viento,
y seremos niños, sonriendo,
y seremos fuego y calma y niebla,
y seremos tú lo mismo que yo,
placer y dolor, ternura y amor infinito...
o no seremos nada.




Aquí quisiste, madre, (poema)

Barca amarrada-29,7x21cm-tinta, lápiz carbón y pastel 
Aquí quisiste, madre,
que pasara mi vida,
atado a esta barca,
sin agua para navegar.

Aquí deseaste, madre,
que muriera,
amarrado a otra mujer triste
que me alejara del mar.

Aquí, madre, me añorabas,
¡ay, a tu hijo!,
que destrozó la barca
en la que nadie remará jamás.


Quiebra tu voz... (poema)

RaulTamaritM-Pudor-29,7x21cm-pastel
Quiebra tu voz el cántico de la noche
que revierte, que convierte, que amenaza,
que dicta la caza de tu cuerpo y tu mirada,
la sorpresa anuente de viejas pasiones.

Se quiebra la voz en tu garganta de rosa
esparciendo poderosa anhelos y miedos
que se confunden en los engarces de tu ropa.

Rocío de crepúsculo los sueños que sueñas,
y lo extiendo hasta los límites profundos
de aquella playa lejana de blanca arena
donde tu pelo y tu risa quedaron enredados
en las húmedas huellas de tu soledad serena.

Nunca fuiste la primera luz,
ni la última estrella,
sino aquella tímida lucerna que destella
en las tinieblas destempladas de mis venas,
donde te has hecho la dueña,
la primera de muchas que,
queriendo romperme el alma,
hicieron que mi arduo camino
valiera la pena.


sábado, 25 de mayo de 2019

Sol licuado

Descubrieron que el Sol no era sino una bola de energía que alguien o algo hacía funcionar con un mecanismo de perfecta precisión. Al igual que la luna, igual que el manto de puntitos luminosos que se desplegaba sobre sus cabezas cuando la bola solar se ocultaba en el horizonte.
Durante mucho tiempo, muchos se preguntaron el porqué la luna y el disco solar se veían del mismo tamaño en el cielo. La realidad no era como nos la contaron.
Ahora algo estaba fallando. La bola solar se derretía dejando ver alarmantes chorros incandescentes que caían más allá del mundo conocido.
Y ellos querían huir lejos, a pesar de estar convencidos de que intentar escapar de aquella incomprensible realidad no era mas que otra gran mentira.

Sol licuado-29,7x21cm-Lápiz carbón



Yira, un amor diferente

Yira estaba fascinada con la inusual belleza de Muno. Ese color verduzco en la piel le hacía irresistible, original, único. Y el cráneo estilizado, ascendiendo desafiante hasta las nubes, su ojos mínimos, casi dos motas de polvo en el aire que creaban una extraña y agradable sensación de entrañable inexistencia. Pero sobre todo le atraía de él su silencio cuasiperfecto. Nunca decía nada excepto en raras ocasiones. Una fue durante la celebración del final de la década de los 90. No fue nada, un monosílabo apenas, pero ¡qué monosílabo! Yira al escucharlo se deshizo como un terroncillo de estiércol. Dijo: "Pu". ¡Pu! Qué gracioso, y sobre todo, qué ingenioso. Estaba claro que admiraba a ese hombrecillo insignificante pero de corazón grande que la miraba con indiferencia y asco cuando ella abusaba de su cercanía.
Por su parte, el callado y deseado Muno, no podía negar que estaba enamorado de Yira. Para él una diosa, un ser excepcional que le hacía sentir importante y especial, a pesar de que él mismo reconocía su propia nadería. De ella admiraba su poderoso físico. ¡Cuántas veces le costaba hablar para suplicarle que aflojara un abrazo, o un beso que le presionaba los dientes hasta casi hacerlos sangrar!, su pecho robusto adornado por dos rasposos bultos con un botón sonrosado en el centro que al tocarlos cambiaban de color y se iluminaban. Adoraba la sensación de seguridad que le proporcionaba flotar a su lado.
La parejita era la envidia de los parecidos. Así que, inevitablemente, decidieron compartir sus destinos y adquirieron dos cuerdas a orillas del mar para colgarse unidos blandamente de los pies y compartir vistas hasta donde la desidia y el aburrimiento les permitiera. Eso sí, ellos esperaban que esa felicidad durara muuuuuucho tiempo.

Enamoramiento-ilustración digital