Bien ve ni dooooooooooossssssssssssss

Bienvenidos a mi blog a todos aquellos que anhelaron con impaciencia leerme alguna vez, seguir leyéndome si ya lo hicieron antes, ver alguna de las fotos que hago o deshago, alguno de mis dibujos o piruetas mentales (yo les llamaría "derrames"), mis pinturas al óleo, acuarelas, pasteles (uhmmm rico rico) cabroncillos, digo, carboncillos, experimentos digitales, caricaturas retratos o monstruosidades (que las habrá, no digo que no) que salgan de mi perola a través de mis manos, con la ayuda de mis ojos y a pesar de mi capacidad de raciocinio. Y, como dice una de mis numerosas sobrinas, todo esto será... pooooooooco a pooooooooooco jajuja. Por cierto, todas las imágenes y los textos de mi blog son de mi única y absoluta autoría (cuando no lo sea aviso)... y para disfrute de quien sepa apreciarlo :-D

viernes, 18 de noviembre de 2016

Lycan

Lycan, mi nombre, ha sido objeto de burlas en todas las etapas de mi vida. Pero nunca me ha importado. Mi misión era tan importante como que la luna estallara de sol. Al cumplir los 33 años, una convicción sin fisuras me dictó que era el momento y activé la secuencia que miles de satélites transmitirían por todo el planeta.

El gen que escondía la esencia de la licantropía se hallaba dormido en los portadores, ignorantes de su realidad. Un colectivo amplio, seres humanos, aparentemente normales, diseminados por todos los ámbitos de la sociedad.

La Humanidad sería aniquilada en cuestión de horas, de días. Y el virus que lo conseguiría estaba en casi todos los hogares. 
Los elegidos comenzaron bruscamente su transformación y el cambio era insoportable hasta que dejaban de ser ellos mismos. 

A partir de ahí, los colmillos y las garras se cubrieron de sangre y el planeta se detuvo, masacrado por el terror y la destrucción.

Sin embargo, desde mi atalaya de suficiencia, jamás valoré que la fuerza desatada se volvería también contra mí.
Al constatar que yo no mutaba entré en pánico. Me di cuenta de que me había convertido en una víctima más. Y que los enloquecidos licántropos que aplastaban ahora mi puerta, jamás sabrían que quien desgarraban en sus fauces, era su patético creador.



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