Bien ve ni dooooooooooossssssssssssss

Bienvenidos a mi blog. Todas las imágenes y los textos del blog son de mi única y absoluta autoría para el disfrute de quien sepa apreciarlo.

(Para quienes sólo quieran ver mis obras pictóricas, las encontraréis aquí http://raultamaritmartinez.blogspot.com.es/ )


jueves, 13 de junio de 2013

El protector

Aira Hiromura no podía quitarse a Nikito Nakatone de encima. El asunto ya venía desde el colegio. Él siempre la defendía de todos, de los buenos y de los malos, de los amigos y de los enemigos, y Aira no podía quitarle de la cabeza esa idea infantil.

La insistencia de Aira a Nikito, no provocaba más que un reforzamiento de la voluntad de éste de actuar como un samurai o un caballero de la Mesa Redonda, enloquecido por su amada. "¡No quiero que me defiendas!" Suplicaba Aira. Pero era imposible. Ni la actuación temprana de los padres, ni la tardía de la policía conseguía disuadirle.

Crecieron juntos en esta simbiosis indeseada y Aira lloraba, sufría y desesperaba cada vez que la presencia de Nikito ahuyentaba a sus amistades y pretendientes. Nikito repartía mandobles, tortas y blasfemias a todo aquel que se le acercaba. Una vez logrado su objetivo, retornaba al modo de reposo activo, moviendo los ojos oblicuos a diestro y siniestro, buscando amenazas contra Aira.

El Protector
Nikito era irreductible y soportó estoicamente las puñaladas de Aira, los tijeretazos, las punzadas con agujas, los vasos estrellados en su cabeza y los huevos podridos en su espalda. Era como una máquina. Parecía no comer, beber, defecar o dormir. Aira creía volverse loca.

Las autoridades nunca vieron en la actitud y proceder de Nikito motivo para detenerle o alejarle legalmente de Aira. Sólo la protegía.

Y Aira suspiraba por una vida sin Nikito: Mirar por la ventana y no verle, tomar el desayuno en la cocina de su casa y no presentirle, salir y no esquivar las mangas de su kimono, mirar el poniente y no descubrir sobresaliendo, la coleta trasnochada de Nikito entre las ramas de los almendros en flor. Su olor corporal estático, inequívoco y profundo cerca, alrededor.

Cuando Aira miraba la luna soñando una vida sin Nikito, de pronto veía su silueta moviéndose felinamente, contoneándose contra la pálida redondez lunar, acabando su kata especial formando con los brazos en alto un corazón, y con su cuerpo, letra a letra, el nombre de Aira. El paso del tiempo fue combando los cuerpos, pero no la frustración de Aira ni el corazón de Nikito. Llegó el momento en que defenderla del mundo consistió en blandir un bastón tembloroso en el aire y un gemido en la garganta.

Un día, Aira, giró su nevada mirada a la ventana de su cuarto. EL sol caía como una pompa de jabón sobre las montañas. Algo había cambiado. Notó una falta, una ausencia. Abrió la ventana y husmeó la noche buscando un olor. El olor a Nikito. Se asomó apoyada en el quicio de la ventana, buscándole fuera, junto al umbral de su casa, de pie, en la penumbra del ocaso. Pero no estaba. Aira sintió que el aire se huía de su pecho. Corrió a la entrada de su casa, abrió la puerta y gritó más alto, más agónico de lo que ella pretendía: "¡¡Nikito!!" Le salió rota la llamada. Nikito no acudió.

A la mañana siguiente, Aira preguntó por él a todos sus conocidos, a sus vecinos, a sus hermanos y primos. Nadie conocía a Nikito, nadie le había visto nunca. Jamás.




domingo, 19 de mayo de 2013

Los devoradores de cuerpos

Puede ser simplemente un sueño, o un espejismo, o una pesadilla en plena vigilia. Puede no ser nada. Pero yo vi cómo caminaban aquellos seres sobre los cuerpos ya sin alma que se amontonaban por todas partes. Pululaban como insectos, parándose de vez en cuando para morder o desgarrar aquí o allá. Y confundidos con los cuerpos inertes, otros seres igualmente extraños, de aspecto humanoide, observaban atentos todo cuanto sucedía en aquel terrorífico lugar. 

Nunca supe si desperté realmente de aquella visión, o sigo inmerso en ella cuando me rodean las primeras sombras de la noche...



sábado, 22 de diciembre de 2012

A la esperanza

Cuando saliste de tu cautiverio, era yo quien te esperaba.
Me abrí paso entre la bruma y te recogí la maleta.
Estabas temblando. Ni te atrevías a mirarme a los ojos.
Yo ya no recordaba cuándo te perdoné.
Tus labios estaban frios, agrietados.
Te di un beso en la frente y te cubrí los hombros.
Apenas podías andar. Tendrías que acostumbrarte.
Llorabas, aunque tus lágrimas morían
en la lluvia que golpeaba nuestras almas.
No hubo palabras cuando decidiste no acompañarme.
No pudiste soportarlo. Revivirlo.
Yo no quise insistir.
Creo que, en cierta manera, tu decisión me liberó.
Después de tantos años, de tanta oscuridad, me sentí libre.
Me fui, con tu cuerpo desdibujado por el aguacero, en la retina.
Y no volví a verte jamás. No me importa.
Ahora veo que en realidad nunca fuiste más que un sueño.
Y que al fin, puedo bajar los brazos,
doloridos, agarrotados,
y darme por vencido.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Morir en el mar


Siempre creí que moriría en el mar,
que las olas mecerían en sus brazos
mis sueños de ayer.

Siempre pensé que la oscuridad me cegaría,
que me quemaría los pulmones
el fuego de la espuma.

Supe desde niño, que un océano me mataría de sed.

Y que las olas, 
y la espuma,
y el océano

serías tú.




Con las uñas



Con las uñas, cavé para ti una tumba.

Mis lágrimas brotaron
como flores sobre ella,
y mi tristeza de amor
sigue quemando,
cada noche que sobre mí
la bóveda celeste
se derrumba.

Pero sigo viendo tu cara de ángel,
como de niña caprichosa,
mirándome con pena infinita,
oculta tras una estrella.






El dolor


Hay una bestia en tu interior

que puebla y aterroriza tus sueños.

Hay una fiera que araña tus entrañas,

y en las noches más negras,

aplasta tu sonrisa.

Hay un dolor en ti más allá del dolor, 

que únicamente su mano podría aliviar.

De nadie más. 


Jamás.